Testimonio: Iñaki Alegria

Iñaki Alegria, pediatra que lucha contra la desnutrición de los niños en Etiópia

“No podemos permitir que los niños se limiten a sobrevivir, tenemos que hacer que también puedan vivir”

Buenas, primeramente me presentaré, soy Iñaki Alegria, médico licenciado por la Universidad de Barcelona – Hospital Clínic y especializado en pediatría en el Hospital de Granollers.

 

Parafraseando a Paracelso me atrevo a decir: “El fundamento más importante de la medicina es el amor”, y es así como entiendo la medicina, un acto de amor, entrega, acompañamiento a aquel que está sufriendo y necesita que estemos a su lado.

¿Por qué pediatría? Porque los niños son vulnerables y son los que más sufren en situaciones de pobreza, crisis, enfermedad, emergencia y debilidad.

Si nos remontamos ocho años atrás os explicaré mi primera experiencia en cooperación. Era estudiante de medicina cuando aterricé en Honduras. Realizando proyectos de asistencia sanitaria en áreas rurales y programas de integración social con niños de las regiones más pobres y marginales. Esta experiencia me marcó profundamente y no hizo otra cosa que consolidar el deseo que hacía años sentía por implicarme en proyectos de cooperación internacional. El resultado fue que dos años más tarde volvería de nuevo a Honduras.

Pero lo que siempre me había atraído era el cuerno de África. Así que finalmente llegué a Etiopía, al Hospital de Gambo.

Cómo resumir mi experiencia en Gambo: es una experiencia increíble en todos los sentidos y en todos los aspectos de la vida: médica, personal, humana y espiritualmente. Sobrecogedor.  Deslumbrante. Alumbrante. Impactante. Inolvidable. Vinculante. Excepcional. Aquí comparten cama la vida y la muerte.

Hay viajes de los que nunca regresas

 No sabes por qué, pero hay lugares que te llegan al alma y llenan tu vida para siempre. La sonrisa de Ruziya, de su madre Abusha en el hospital de Gambo de Etiopía... El renacer de Ermelinda en el hospital Nossa Senhora da Paz de Cubal... Devolviendo la sonrisa y la infancia robada a estos niños, aquí he sentido que tenía que estar, aquí me he sentido.

Cada vez que pienso en mis días en Etiopía y Angola, un escalofrío recorre mi cuerpo. Tengo que volver.

Me fui de Etiopía consciente que tenía que finalizar mis estudios de pediatría en Barcelona. Si realmente quería realizar todo lo posible para Ruziya, Firaol, Dejene... era preciso formarme más. Así pues regresé a Barcelona, finalicé mi formación en pediatría en el Hospital General de Granollers, cerca de Barcelona. Después tuve ocasión de mejorar mi formación en pediatría tropical y el manejo con pocos recursos realizando una estancia en el hospital Nossa Senhora da Paz en Angola desde donde he ido compartiendo mis reflexiones cada jueves con todos vosotros.

Ahora nos llegan noticias de que el Hospital de Gambo en Etiopía precisa dinero y voluntarios para mantener la actividad que estaba realizando, ahora ha llegado el momento de regresar a Gambo y darlo todo por Gambo. Recuerdo los rostros de niños y niñas de Gambo... Como el renacer de Ruziya... Ahora no podemos dejar de dibujar sonrisas como las de Ruziya...

Llega a urgencias Ruziya. Una pequeña niña que recordaré el resto de mi vida. El día que llegó. Y el día que marchó.

El día que llegó me heló el corazón. El hielo entró en lo más profundo de mi alma, y el hielo se fue fundiendo hasta arder y convertirse en llama de luz. Aún no lo sabía, pero Ruziya iluminó mi vida, y el día que ingresó entró en mí la semilla de esta luz que estaba germinando sin ser realmente del todo consciente.

Ruziya tiene 2 años y un mes de vida, 6 quilos y 100 gramos de peso, 76 centímetros de los pies a la cabeza. Perímetro braquial de 9 centímetros. Su peso corresponde a menos del 60% del que debería tener para edad y longitud según las tablas internaciones de la Organización Mundial de la Salud. Llega a urgencias en brazos de la joven Abusha, su madre, que no debe tener más de 16 años. Ruziya no tiene fuerzas para sostenerse en pie.

Estas son las medidas antropométricas, las cifras de una pequeña niña muriendo en vida literalmente de hambre. Ante mi atónita mirada se presenta un pequeño esqueleto recubierto de fina y quebradiza piel que transparenta cada uno de los huesos. Se pueden contar sin ningún tipo de problema cada una de las costillas, y seguir cada uno de los huesos sin perder en ningún momento su contacto por una pequeña capa de grasa que ni existe. Una triste y hundida mirada, inocente, que no entiende nada. Unos palillos de hueso sin músculo ni grasa a modo de piernas que no pueden sostener ni los escasos quilos de peso del cuerpo. No puede ni caminar. Yace en la cama. Postrada en la cama, tan sólo los brazos y manos son capaces de desafiar la gravedad.

Ingresa en el hospital de Gambo, donde se inicia el protocolo de renutrición de los niños con malnutrición severa. Después de 26 días con sus 26 noches, al fin Ruziya puede marchar del hospital con un cuerpo renovado, con una nueva vida. Pero sobretodo una mirada que transmite alegría y esperanza. Una sonrisa que enamora. Un caminar desenvuelto. Una niña que vuelve a ser niña, o mejor dicho, que es niña por primera vez. Una niña que quiere jugar cómo cualquier niña de su edad. Una niña que piensa en jugar y no en comer. Que al fin ha cubierto la necesidad básica de la alimentación. 

Día a día visitaba a Ruziya y a su madre. Día a día me iba ganando su confianza. Los primeros días se encontraba postrada en la cama, con miedo y sin fuerzas para sostenerse en pie. El día que marchó de alta, salió corriendo y saltando del hospital, ante la sonrisa de su madre. Fue realmente milagroso. Se transformó Ruziya en este mes y transformó mi alma. Vi renacer a Ruziya. Una Ruziya que jamás tenía que haber llegado a ingresar pues no tenía ninguna enfermedad, tan sólo precisaba comida.

 

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