Haití y los donantes internacionales después del terremoto

Los recursos destinados para Haití por parte de la cooperación internacional después del terremoto de 2010 no han sido pocos. La Oficina del Enviado Especial para las Naciones Unidas en Haití calcula que han sido $ 1,69 mil millones en ayuda de emergencia ($ 1550 millones en 2010 y $ 140,0 millones hasta junio del 2011) y $ 2,12 mil millones en ayuda de recuperación ($ 1.73 mil millones en 2010 y $ 392,6 millones hasta junio del 2011).

Ayuda Internacional para Haiti

Tales recursos provienen, en parte, de la conferencia de donantes internacionales organizada por el gobierno de Haití, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) el 31 de marzo de 2010.  Acudieron 55 organizaciones bilaterales y multilaterales, quienes se  comprometieron a donar más de 11 billones de dólares para la reconstrucción de largo alcance en Haití, cifra que a octubre de 2012 aún no se ha entregado. El informe de Oxfam del 2011 señala que de los  4.600 millones de dólares prometidos por los donantes para reparación de viviendas sólo se había entregado un 43 por ciento.

Aunque hubo gran amplitud en las cifras ofrecidas por los invitados a la conferencia, por ejemplo la Agencia de Cooperación Española se comprometió a entregar 346 millones de euros, no hubo la misma amplitud en la confianza en las instituciones de gobierno haitianas. Una de las exigencias de los donantes fue la creación de una “institucionalidad” internacional que administrara los recursos para la reconstrucción de Haití.

Así nace la Comisión Interina de Reconstrucción de Haití (CIRH), compuesta por un representante de los donantes internacionales que hacían grandes aportes de dinero para la reconstrucción, el Enviado Especial de las Naciones Unidas en Haití, el Primer Ministro haitiano y 12 representantes de gremios o asociaciones de haitianos. Esta institución que dio cierta seguridad a los donantes internacionales también significó intensos debates en el seno de la sociedad haitiana.

Los representantes haitianos, por ejemplo, adujeron sentirse excluidos del funcionamiento y toma de decisiones de la Comisión. En sus palabras: “Nos sentimos completamente desconectados de las actividades de la CIRH por la falta de información y comunicación de parte del secretario ejecutivo y más aún del Comité Ejecutivo. A pesar del rol de los haitianos en la estructura de gobierno de esta entidad, hasta ahora no hemos recibido ninguna actualización sobre las actividades de la CIRH. De entrada saben que hay reunión de la junta el día antes del encuentro. Los miembros de la junta no tienen tiempo ni para leer, analizar, comprender y mucho menos responder con inteligencia”[1].

Pero habían otros sectores que eran mucho más críticos, que no gozaron de ninguna participación en la Comisión, por lo que calificaban su constitución como un nuevo acto de pérdida de soberanía del gobierno haitiano frente a los donantes internacionales, afirmando que “el mecanismo de la Comisión Interina para la Reconstrucción de Haití (CIRH) es antidemocrático y equivale a los funerales oficiales de las instituciones estatales".

En términos prácticos hay que reconocer que la Comisión Interina para la Reconstrucción de Haití tenía muchos problemas para reunirse y tomar decisiones, pues el alto porcentaje de representantes extranjeros que la componían, con apretadas agendas,  dificultaba que se pudiesen discutir y evaluar los proyectos con la celeridad que la reconstrucción lo demandaba, al tiempo que no se aprobaban los desembolsos necesarios para ejecutar programas ya aprobados.

A su vez, la creación de la Comisión Interina para la Reconstrucción de Haití se acompañó con el establecimiento del Fondo para la Reconstrucción de Haití (FRH) para recibir los recursos donados por los cooperantes internacionales, el cual es administrado por el Banco Mundial y sólo desembolsaba recursos por orden de la CIRH.  

La aparición de esta institucionalidad parece buscar un manejo más transparente de los recursos para reconstruir Haití, pero su eficacia fue ampliamente cuestionada por la lentitud con la que se desarrollaban los proyectos, empezando por las demoras en la remoción de escombros y la ausencia de cambios evidentes en los primeros años después del terremoto, tanto en la infraestructura física como en las condiciones de vida de muchos haitianos que se preguntan a dónde ha ido a parar el dinero ofrecido por los donantes.   

El manejo dado a los recursos por la Comisión Interina para la Reconstrucción de Haití no fue ajeno a denuncias por corrupción. Sea el caso, durante el 2011, de los negocios fraguados entre dos ex Primeros Ministros de Haití, Jean Max Bellerive  y Garry Conille, y el senador dominicano, Felix Bautista. La prensa dominicana mostró que en la adjudicación de los contratos hubo influencias, señalando a República Dominicana como la gran beneficiaria de la desgracia de Haití, ya que unas diez compañías constructoras dominicanas participan en el proceso de reconstrucción de Haití, además de ingenieros y técnicos dominicanos.

Se ha estimado que no sólo la República Dominicana se ha beneficiado de la ayuda entregada a Haití. Por ejemplo, la Oficina de Investigación del Congreso estadounidense establece que las ayudas enviadas por Estados Unidos a Haití retornaron al Departamento de Defensa (655 millones de dólares) y al de Salud y Servicios Humanitarios (220 millones de dólares). Afirman que el 34 por ciento pasó a manos de donantes y militares, y otro 28 por ciento fue a parar a las agencias de Naciones Unidas y ONG estadounidenses.

Denuncias similares se han planteado respecto de la ayuda ofrecida por la Agencia de Cooperación Española que ha entregado importantes sumas de dinero para proyectos de potabilización del agua, cuyas licitaciones han sido ganadas por la Empresa de Aguas de Barcelona, por lo que se ha afirmado que los fondos para la cooperación se han utilizado para ampliar mercados y aumentar el lucro de las empresas privadas en los países donantes.

Las sospechas sobre estos casos de corrupción al interior de la cooperación internacional instan a la comunidad internacional a abrir un debate sobre este asunto que contribuya a que la ayuda para el desarrollo cumpla los objetivos que se propone y no se convierta simplemente en negocio con tintes humanitarios. No obstante, las investigaciones judiciales sobre los casos aquí mencionados no se han llevado a cabo, lo único que se ha visto en este sentido es la renuncia de los dos ex primeros ministros de Haití.

 En octubre de 2011 no se renueva el mandato de la Comisión Interina para la Reconstrucción de Haití, por lo que sus funciones son asumidas por el gobierno haitiano lo cual ha contribuido, junto con la crisis económica que afecta los rubros destinados a la cooperación internacional, a frenar el ingreso de dineros provenientes de la ayuda internacional para Haití.

Por: Laura Natalia Moreno Segura