Russei Keo: volver a ser un niño en Camboya

En Russei Keo (Camboya), los pequeños tienen acceso a la educación, a tres comidas diarias y, sobre todo, pueden disfrutar de un lugar seguro.

El distrito de Russei Keo está situado a las afueras de Phnom Penh, la capital de Camboya. Se trata de un barrio, que, como tantos otros, va creciendo alrededor de una ciudad que se ha quedado pequeña para dar albergue a todas esas personas que emigran del campo a la ciudad en busca de una vida mejor.

Las familias que habitan este barrio de infraviviendas se componen fundamentalmente de trabajadores con escasísimos recursos, empleados generalmente en trabajos precarios como la venta ambulante, el taxi, los tuc-tuc, la confección, la recolección de basuras o la pesca, que difícilmente llegan a conseguir un dólar al día para malvivir.

Como resultado de esta devastadora situación económica y laboral, nos encontramos con una infancia absolutamente olvidada y carente de cualquier atención sanitaria, educativa o referente parental.

Niña en Russei KeoLa mayoría de los niños menores de 6 años de edad carecen de atención médica, educación, protección, apoyo y atención por parte de sus familias.

Muchos de ellos, tienen que abandonar la escuela porque tienen que ganar un sustento para la familia, o necesitan quedarse al cuidado de sus varios hermanos. 

Entre ellos, los que peores consecuencias tienen son los más pobres, los huérfanos y los enfermos, que suelen ser víctimas de abusos,  de malos tratos e incluso son vendidos o traficados.

En las guarderías de Russei Keo, los pequeños tiene  acceso a la educación, a tres comidas diarias y, sobre todo, pueden disfrutar de un lugar seguro donde estar mientras sus padres trabajan buscando el sustento familiar.

Estos centros cumplen una doble función: por una parte, permite a ambos padres ir a trabajar, y así aumentar los ingresos familiares; y por otro lado, el hecho de que los niños se incorporen al sistema educativo a una edad temprana, es casi una garantía para que su padres les permitan posteriormente acceder a la enseñanza obligatoria.

Asimismo, Khemara tiene contrastado que la salvaguarda de los derechos de los niños, es directamente proporcional al grado de implicación de los padres en el programa formativo, que es un factor que también contempla este proyecto.

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