Presentación del libro "50 Historias de Solidaridad"

LA BIBLIOTECA MARCELINO DOMINGO ACOGE LA PRESENTACIÓN DEL DEL LIBRO 5O HISTORIAS DE SOLIDARIDAD

El pasado día 3 de Febrero en la sala polivalente de la Biblioteca Marcelino Domingo de Tortosa tuvo lugar la presentación del libro 50 historias de solidaridad.
El periodista e historiador Josep Bayerri fue el encargado de glosar esta obra a la vez que impartió una conferencia sobre la trayectoria de Manos Unidas y el contexto en que nacieron las ONG así como el importantísimo papel que asumen en la sociedad de la globalización. Aprovechamos para agradecer la disponibilidad de la Biblioteca municipal hacia Manos Unidas

 

Presentación del libro "50 historias de solidaridad. Manos Unidas "
Conferencia pronunciada por Josep Bayerri Raga
en la Biblioteca "Marcelino Domingo" de Tortosa el día 3 de febrero de 2011

Buenas tardes,

Para empezar quiero agradecer María Balart, presidenta de Manos Unidas en Tortosa, la deferencia para invitarme a dar esta charla. Para los que tenemos la sensación de haber sido arrinconados en la penumbra de la jubilación, el poder intervenir en conferencias piadosas como ésta suponen un estímulo a nuestra la autoestima tantos castigada por la lógica del olvido. Gracias.

"Manos Unidas" es una ONG de la iglesia católica formada por voluntarios que lucha para erradicar el hambre y la pobreza en el mal llamado Tercer Mundo que, con más precisión yo definiría como los países pobres, subdesarrollados y olvidados del hemisferio sur . Las dos líneas de trabajo que se ha fijado "Manos Unidas" son combatir las causas estructurales origen de la pobreza promoviendo proyectos de desarrollo "in situ" y, luchar contra la indiferencia y la crisis de valores, sensibilizando la opinión pública española hacia la situación en los países pobres.

Ahora ha completo el medio siglo. En 1960 la rama femenina de la Acción Católica Española, que como es sabido es la organización de apostolado seglar de la iglesia, puso en marcha la llamada "Campaña contra el Hambre en el mundo" para ayudar a mitigar las graves carencias de la población en los países pobres de África y Latinoamérica. La "campaña contra el hambre" se convirtió, en 1978 en la ONGD "Manos Unidas". Aprovechando los actos conmemorativos "Manos Unidas" ha editado el libro "50 historias de solidaridad" que es el que ahora presentamos. Coincidiendo con los 50 años se cuentan 50 proyectos o testimonios personales en diversos lugares del mundo. En cada caso, periodistas entrevistan al personaje impulsor del proyecto que explica el trabajo que están realizando o su testimonio vital. Los profesionales de la información que colaboran en el libro son redactores de los diarios madrileños ABC y El Mundo; la agencia Europa Press, TVE, las emisoras Punto Radio, M-80, Cadena COPE, Onda CERO, la SER y las periféricas Radio Euskadi y Canal Sur; además de las publicaciones de la iglesia Vida Nueva, Mundo Cristiano, Mundo Negro y Eclessia y otros entrevistadores de grupos diversos. El libro está editado muy cuidadosamente con fotografías de gran calidad algunas de ellas espectaculares.

Las historias que se explican, en muchos casos impresionantes por lo que suponen de generosidad hacia los más necesitados, tienen por escenario países tan diversos como Brasil, Perú y Guatemala, en América latina; India, Bangla Deesch y Filipinas en Asia; pero la mayor parte en prácticamente todos los países del África subsahariana, como Madagascar, Kenia, Mozambique, Malawi, Angola Y Ghana, entre otros. En cuanto a los personajes entrevistados aparecen hombres y mujeres pertenecientes a casi todas las congregaciones religiosas que trabajan en estos países, trinitarios, claretianos, Javeriana, franciscanos, salesianos, padres blancos, Paul, teresianas, carmelitas, especialmente, pero, en cuanto al número, a jesuitas y combonianos. También laicos sin especial compromiso religioso. Y una referencia especial al obispo Pedro Casaldaliga, en pie y firme en la remota región del Mato Grosso brasileño, a pesar de los 82 años y su precario estado de salud agravado por el Parkinson galopante.

Permitidme pero manifestó que me gustaría más que la organización católica "Manos Unidas" a pesar de su traducción como "Manos Unidas", en tanto que pide la complicidad y la colaboración de nuestra ciudadanía, dependiera directamente de la la iglesia de Cataluña y no de una Conferencia Episcopal Española que no juzgaré por prudencia. Lo dejaré aquí porque es poco elegante cuestionar a quien te invita pero he querido manifestar este punto de discrepancia para que no parezca que en lugar de ser una conferencia se trate de una apología complaciente.

Hecha la presentación formal de libro quisiera ampliar mi charla hablando de los orígenes de Manos Unidas, del contexto histórico de aquel momento y el porqué se crearon este tipo de entidades que en pocos años proliferarían partes con diferente grado de credibilidad y eficacia bajo el paraguas del estatus para las ONGD (Organizaciones no gubernamentales para el desarrollo).

Las diferentes confesiones religiosas siempre han realizado funciones asistenciales y de ayuda a los pobres, los enfermos, los pobres y los necesitados. Es de hecho uno de los principios consustanciales a su existencia. Los libros sagrados en parte comunes a judíos, cristianos y musulmanes, en todas sus variantes (La Torah, el Corán o la Biblia), están llenos de referencias a la caridad y lo que hoy llamaríamos solidaridad. Hasta mediados del siglo XX, sin embargo, estas tareas estaban encomendadas a congregaciones religiosas específicamente dedicadas a socorrer a los más necesitados las Hermanas de San Vicente de Paul o las Hermanitas de los Pobres son las más conocidas. A finales de la Segunda Guerra Mundial, ante las necesidades de la tragedia, desde la iglesia católica se crean organizaciones confesionales pero no estrictamente religiosas donde se incorporan muchos seglares. En 1946 nacía en Francia "Secura Catholique" para ayudar a las víctimas de la conflagración al año siguiente en España se ponía en marcha Cáritas. La visión de estas organizaciones más transversal que especializada dirigía básicamente a intentar resolver los problemas de carencias asistenciales inmediatas interior de los propios países que entonces, como ahora, eran muchas. Dadas las circunstancias del momento el "Tercer Mundo" quedaba muy lejos

En 1945 las Naciones Unidas crean la FAO (Organización para la alimentación y la agricultura) que se marca como objetivo avanzar hacia un mundo sin hambre ni miseria a partir de un uso racional en la producción y distribución de los alimentos, haciendo un llamamiento global para que todo el mundo se incorporara. Hacia el 1950 aparecen las obras del geógrafo y economista brasileño Josue de Castro (1.908 a 1.973) "Geografía del hambre", "Geopolítica del hambre" y especialmente "El libro negro del hambre" que causarían un gran impacto en todo. La iglesia católica también quería dar una respuesta propia al proyecto de construir un mundo global sin hambre ni miseria. Como se ha dicho antes, el precedente de Manos Unidas, la "Campaña contra el hambre en el mundo" nace en 1960. Hacía poco se había creado el secretariado de misiones de los Jesuitas como organización de apoyo a la función asistencial de los misioneros que adoptaría el nombre de Intermón y acabaría por priorizar tareas de apoyo económico y social a la población de aquellos países. En 1961 en Francia se pone en marcha el llamado comité católico contra el hambre que, con otros 29 movimientos solidarios se convertiría en el CCFD la primera ONG francesa para apoyo del desarrollo; en 1967 nace Justicia y Paz y en 1969 Vicente Ferrer creó su fundación dirigida explícitamente al desarrollo de la India.

Para que esta especial sensibilidad dentro de los países europeos por los problemas del hambre y el subdesarrollo en los países pobres, justamente aquellos años?. Intentaremos averiguarlo. A principios de los sesenta además de la labor de sensibilización y las obras de Josue de Castro, confluyen dos hechos significativos a nivel mundial. El primero el de la descolonización, entre 1960 y 1966, además de otros países en el Caribe y Oceanía, un total 24 territorios africanos, desde Argelia a Botswana pasando por Congo y Kenia, obtienen la independencia de sus metrópolis, en especial Gran Bretaña y Francia. Este hecho, modificó el panorama político mundial y el marco de alianzas entre las grandes potencias en un momento en que continúa la "guerra fría". Los factores estratégicos se convierten prioritarios ante cualquier consideración humanística. En cuanto a las condiciones de vida de la población autóctona, la independencia, en lugar de mejorarla las empeora, los mandatarios locales obsesionados por mantener el estatus de poder tribal o personal se ven al mismo tiempo abocados a una dinámica de confrontación entre los nuevos estados con fronteras a menudo artificiales, mientras que las anteriores potencias colonizadoras, liberadas de las obligaciones morales que podían derivarse de sus orígenes cristianos, se desentienden y dejan la iniciativa en manos de las grandes compañías capitalistas dedicadas exclusivamente a obtener más ganancias con poco tiempo. Guerra, corrupción, hambre y explotación se generalizan en África mientras en Iberoamérica triunfan las oligarquías militares fruto de golpes de estado fascistas propiciados desde la CIA estadounidense (Brasil, Paraguay, Chile, Argentina, ect ...)

El segundo hecho es que, paralelamente se produce un cambio significativo en la doctrina social de la iglesia católica. El nuevo papa Juan XXIII, elegido en noviembre de 1958, se fijaba como principales objetivos de sus pontificado los de abrir la iglesia a los tiempos modernos y afrontar los problemas sociales que afectaban a los seres humanos. De ahí derivaban sus principales acciones, la convocatoria del Concilio Vaticano II (1959) y las dos grandes encíclicas "Mater et Magistra" (1961) que supone un paso adelante en el proceso de implicación de toda la comunidad cristiana en el combate a las desigualdades existentes tanto entre los diversos sectores económicos como entre los diferentes países y regiones, denunciando los fenómenos de superpoblación y subdesarrollo, y la "Pacem in Terris" (1963), que es una exhortación urgente a construir la paz, fundamentada en la solidaridad y el respeto de las exigencias étnicas que debían presidir las relaciones entre los hombres y los Estados especialmente en lo referente a situaciones insoportables en el Tercer Mundo.

El concepto de Tercer Mundo, como muy bien explica el economista inglés John M. Hobson (1889), nace de la voluntad del imperialismo europeo del siglo XIX de dividir la humanidad en tres razas: el primer mundo de raza blanca dominante (Europa y Norteamérica), el segundo mundo de raza amarilla y mestizaje indio aún para acabar de civilizar (Asia y América latina) y el tercer mundo, de raza negra, salvaje y condenado a la esclavitud (África). En un artículo en "L'Observateur" (1952) el economista francés Alfred Sauvy corrige los parámetros al considerar el primer mundo como el mundo capitalista (EEUU y sus aliados), el segundo mundo comunista (el Pacto de Varsovia y el bloque del Este con China) y el tercer mundo el integrado por los países subdesarrollados, explotados y olvidados. En el año 1956, pero, algunos de estos países del "Tercer Mundo" crean una importante plataforma política la de los llamados "no alineados" encabezados por Yugoslavia (Tito), Egipto (Nasser) e India (Nehru) y Camboya (el rey Sihanomi), que dan al término una significación más política que económica

Hacia los años setenta, el concepto de "Tercer Mundo" comienza a deja de ser sinónimo generalizado de marginación. Dentro de lo que hasta entonces se había llamado "Tercer Mundo" aparecen dos bloques: aquellos países con perspectivas de desarrollo que incluso son capaces de articular propuestas políticas y económicas y acabarían llamándose países en vías de desarrollo y más recientemente algunos con el nombre de países emergentes (como es el caso de Brasil, por ejemplo, que era uno de los países más miserables y en ocho años en reducido el índice de pobreza a la mitad), y, en un segundo bloque, los otros países que, por el contrario, aumentan su novel de miseria. Ya principios de los ochenta el antiguo concepto del "Tercer Mundo" es sustituido por el genérico "países del sur". "El sur también existe" dice Joan Manuel Serrat en 1985 musicando poemas de Mario Benedetti.

Es este bloque del sur, el resto despreciada e ignorada de la humanidad, el que presenta una mayor necesidad de ayuda solidaria. Suponen unos 1.400 millones de personas que están fuera de pantalla, sin estructuras gubernamentales que los amparen, sin perspectivas de futuro que les den esperanzas, ignorados por los medios de comunicación. Según las "Naciones Unidas" estos países, con una cuarta parte de la población mundial, viven dentro de lo que se llama pobreza extrema es decir con menos de un euro al día y sin poder cubrir sus necesidades básicas de alimentación, agua potable, techo, sanidad y seguridad.
 
El centro principal de esta desafección es África subsahariana y también los países andinos de sudamericano, con una media de esperanza de vida por debajo de los 55 años cuando en Europa Occidental supera los ochenta, un índice de pobreza de mes del 60 por ciento de la población, la tasa de analfabetismo del 70 por ciento. Un 67 por ciento infectada de SIDA y que ya ha registrar 25 millones de muertos mientras disponen sólo de un médico cada seis mil habitantes de media y países como Mali o Angola donde alcanza los 12 mil por médico mientras en España y todo el mundo occidental está en torno a las 300 personas. Países condenados a un neo-colonialismo por parte de las empresas capitalistas de los países ricos, gobernados por políticos corruptos y en permanentes conflictos internos, ¿Quién se preocupa de los problemas de su población: la pobreza, las enfermedades, el analfabetismo, el hambre y la miseria?.

Los países occidentales se han visto obligados a crear instituciones gubernamentales de ayuda al desarrollo de los pueblos necesidades. La Asamblea General de la ONU acordó (1980) que sus miembros destinarían el 0,7% del PIB para la ayuda de los países subdesarrollados (AOD); 25 años después solo se había llegado al 0'3 por ciento y parte de esta ayuda de los estados, vehiculada a través del Banco Mundial o el FMI sirve para liquidar la deuda externa en el comercio de los países y para pagar la adquisición de varios bienes de consumo (entre los que están las armas). En otros casos las transferencias de los países ricos a los pobres aparecen condicionadas por la burocracia ineficaz, los dirigismos, los intereses políticos del blogs o la sumisión a las grandes empresas abocadas a transmitir su cultura consumista. Finalmente aparece la lacra de la corrupción de los gobiernos receptores que ha hecho, por ejemplo, que solo la mitad de los recursos obtenidos para la ayuda a Haití hayan llegar a sus destinatarios intervenidos por las propias Naciones Unidas ante la evidencia de que si se dejan en manos del gobierno haitiano acabarán los circuitos de la corrupción.

Ante esto aumenta el prestigio de las instituciones no gubernamentales surgidas de la iniciativa privada, especialmente si son transparentes y garantizan el fin de sus acciones más para fomentar el desarrollo que para maquillar la realidad con ayudas puntuales. En 2005, el sesenta por ciento de ayudas a los países pobres procedía de inversiones y préstamos privados frente al 40 por ciento de las ayudas oficiales y la mayor parte de estos ayudas privadas correspondían a proyectos de desarrollo local vehiculados desde ONGD. La eficacia del sector privado es tanto reconocida que incluso una parte de su financiación, como "Manos Unidas", procede de aportaciones gubernamentales que confían en su gestión para desarrollar proyectos concretos

Para muchos burócratas instalados en cómodos despachos conseguir que la tecnología llegue a los países pobres y subdesarrollados es todo un reto y en eso sitúan sus objetivos inmediatos. Muchos, en cambio, nos preguntan de que sirve la televisión plana, Internet o la telefonía móvil en comunidades de América Latina o África con necesidades tanto elementales como los alimentos y el agua. Primero el que nada hay que resolver es el problema de la miseria, después facilitar herramientas para ayudarles a tener trabajo y que ellos mismos puedan general riqueza desde la tierra aprovechando sus recursos, cuando tengan esto ya se podrán construir una casa digna con luz, agua y cloacas, a un lugar donde hayan escuelas y hospitales. Será entonces que podrán pensar en instalar en ella teléfono móvil y conectarse a Internet.

Demasiado a menudo en el mundo occidental nos pensamos que nuestras manías consumistas il'idolatría por la mal llamada "Sociedad del bienestar" hoy en crisis, son lo único que interesa al universo entero y es necesario que nos demos cuenta de nuestro error. Instituciones como "Manos Unidas" nos ayudan a comprenderlo y nos acercan a una visión universal. He querido hacer esta explicación, quizá larga y pesada, porque cuando se hable de estas cuestiones tengamos todos conciencia de que detrás hay una multitud de personas, en la percepción inmediata de nuestro entorno mucho aquí presentes, vertiendo su trabajo y su il alusión para que otros puedan sencillamente vivir con dignidad. Personas para las que África es mucho más que el viaje turístico por las sabanas de Kenia y América latina que los circuitos aderezados por las agencias de la Europa acomodada

Voy terminando. Quisiera aprovechar para hacer una referencia a Les Paul del teólogo suizo Hans Hung el pasado día 26 de enero en su discurso de investidura como doctor honoris causa de la UNED. Hung profundiza en su teoría sobre el diálogo entre creencias y religiones para avanzar hacia la necesidad de una ética mundial basada en los principios de la humanidad y el trato digno hacia todo ser humano. Hung afirma que, paralelo a la definición de unos derechos humanos, hay que plantear la concreción de unos deberes humanos a los que nadie debería sustraerse y que conducen al obligado compromiso personal y colectivo en hacer avanzar el mundo hacia la paz y al libertad mediante la solidaridad y la justicia social.

Hay que fijarse bien y reflexionar sobre la cuestión. Aparte de las religiones, que lo consideran como un precepto a cumplir, hasta ahora, desde la laicidad, siempre se había hecho mención a la filantropía y la ayuda al prójimo como un acto voluntarista fruto de la sensibilidad y la conciencia militante de las personas en función a sus creencias. Hung introduce un nuevo elemento: el participar en el trabajo por un mundo mejor, libre en paz y justicia sin discriminaciones ni desequilibrio social, el luchar contra la pobreza y la marginación lo considera como un deber universal más allá de creencias religiosas y esperanzas gratificantes de un hipotético Dios después de la muerte (qué suerte tienen los creyentes que están plenamente convencidos de este premio eterno). Es un cambio sustancial desde un sentido de moral colectiva. El ayudar a los desvalidos se plantea más que como un mérito de bondad, como un deber de ciudadanía. En definitiva un paso más en el idealismo humanista de la ética kantiana. Recordemos Kant a las conclusiones de la "Crítica a la razón práctica:" Dos cosas llenan mi mente siempre con nueva y creciente admiración, el firmamento estrellado sobre mí y la ley de la moral dentro de mí ". Aprovechando el acto de hoy, los invito a pensar en ello y abrir su espíritu hacia un horizonte de nuevas expectativas.

Por último, en el contexto que estamos hoy hablando, un recuerdo entrañable para dos personas que nos han dejado los últimos días: Samuel Ruiz, obispo de San Cristobal de las Casas, luchador contra la pobreza y la marginación de la población indígena en el estado mexicano de Chiapas, que murió el 24 de enero, y mosén Juan Antonio Martínez, traspasado hace justo tres días, que redundó su labor apostólica y solidaria en la región de Concepción a finales de los años sesenta cuando el Chile de Salvador Allende pedía la ayuda del mundo occidental para salir de la injusticia y la pobreza.

Que su testimonio y su memoria nos empuje a ser mejores. Amen.

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