Premio Mundo Negro a la Fraternidad 2019

Achaleke Christian Leke ha sido el premiado

Conjuntamente con Mundo Negro, Wiriko y las ong Cristianisme i Justícia e Intermon Oxfam, Manos Unidas ha organizado el cuarto encuentro "Hoy África" donde hemos contado con la presencia de Achaleke Christian Leke, premio Mundo Negro 2019 a la Fraternidad.

El lema del acto que ha tenido lugar el viernes 7 de febrero en la sala de actos de Cristianisme i Justícia ha sido "Generación África. Jóvenes que transforman".

Y es que la revista Mundo Negro y los misioneros combonianos han otorgado el Premio Mundo Negro a la Fraternidad al camerunés Achaleke Christian Leke por su amplia trayectoria en la resolución de conflictos en un país que se enfrenta al terrorismo de Boko Haram o a la crisis en la Ambazonia.

Camerún está considerado el decimoquinto país del mundo con mayor impacto del terrorismo sobre su población. Así se destaca en el 2019 Global Terrorism Index, un informe elaborado por el Institute of Economics and Peace. Para entender esta clasificación hay que mirar al norte del país, a la porosa frontera del lago Chad, espacio que Camerún comparte con Nigeria y el propio Chad, donde Boko Haram ha envenenado la convivencia en una zona fundamental para millones de personas.

Mucho más al sur está Kumba. La mayoría de las informaciones que hacen referencia a esta ciudad tienen que ver con el conflicto que mantiene la zona anglófona de Camerún con el Gobierno central del país. Las provincias de North West y South West –donde se encuentra Kumba–, que aglutinan a la mayoría de la población de habla inglesa del país, mantienen un pulso con el Ejecutivo de Paul Biya que les llevó a proclamar de forma unilateral la independencia de la Ambazonia en octubre de 2017. Los enfrentamientos entre guerrilleros ambazónicos y las fuerzas armadas camerunesas han provocado el desplazamiento forzoso de más de 150.000 personas, el fallecimiento de cientos de activistas, milicianos y militares, así como el cierre de colegios y centros médicos. El último diálogo nacional no ha solucionado las cuestiones de fondo, que inciden en el histórico abandono denunciado por los cameruneses anglófonos, que nunca han llegado a ocupar un lugar relevante en la construcción del país.

Otra violencia larvada y recurrente que acosa las calles de Kumba ocupa menos espacio en los informativos. Los secuestros, atracos a mano armada o la violencia callejera se explican por las desigualdades económicas o la falta de oportunidades que empujan a la población –de manera muy especial a la juventud– a utilizar el robo, o la extorsión como forma de vida.

En Kumba nació Achaleke Christian Leke. Fue el 12 de abril de 1990.Hasta llegar a la universidad se formó en los colegios del Sagrado Corazón y San Francisco de Asís, y la Diligent Bilingual Academy, todos en Kumba. En 2012 se diplomó en Ciencias Políticas en la Universidad de Buea, y un año más tarde completó un posgrado en Relaciones Internacionales en la de Yaundé. Completó su formación en 2017 en la Universidad de Birmingham, donde realizó un máster sobre Conflictos, seguridad y desarrollo.

Pero más allá de su perfil académico, la figura de este joven camerunés destaca por su compromiso en la resolución de conflictos. Este trabajo, que desarrolla principalmente a través de la Local Youth Corner (LYC), organización de la que es coordinador nacional, le ha hecho merecedor de numerosos reconocimientos, especialmente a partir de 2016. Ese año fue galardonado con el Premio al Joven más influyente de Camerún; obtuvo también el reconocimiento como Joven del año, concedido por la Commonwealth, que también le entregó el Premio a la Excelencia por su trabajo en el campo del desarrollo. En 2016 y 2017 su nombre formó parte de los 100 africanos más influyentes de África, y en 2018 obtuvo el Premio de la Paz de Luxemburgo. En estos escenarios, y en aquellos lugares donde trabaja, el mensaje que Achaleke ofrece es tan sencillo como sólido: «Para lograr la paz, debemos educar a nuestros jóvenes para que comprendan que a pesar de nuestra raza, religión o cultura, somos iguales». Y para ello se sirve de instrumentos diversos.

Del teatro al calzado artesanal
En su currículum hay dos líneas que pueden parecer anecdóticas pero que trascienden la simplicidad de su simple enunciado. Ganador de dos premios teatrales de ámbito estudiantil, Achaleke Christian –él mismo un joven violento y radicalizado hace años–, utiliza ahora el teatro para evitar que los jóvenes de su país caigan en la violencia.

Desde LYC desarrollan iniciativas para dar alternativas a los jóvenes que han caído en la retórica de la violencia. Así, pusieron en marcha en 2018 la #DefyHateNow, una campaña para erradicar los discursos violentos del vocabulario de la juventud. En este contexto, la organización que lidera Achaleke publicó un informe en el que constataban los estrechos vínculos existentes entre el discurso violento y el auge de la violencia en medio de la sociedad camerunesa.

Pero si hay una imagen con la que se identifica a LYC es la de unas simples sandalias que la coordinadora comercializa bajo la marca Creative Skills. Estas chancletas, elaboradas con neumáticos usados, son el fruto de un proyecto que se desarrolla en varias cárceles de Camerún. Los reclusos adheridos a este programa aprenden a fabricar el calzado, se comprometen con el cuidado del medioambiente y adquieren los conocimientos necesarios para convertirse en emprendedores a su salida de prisión. -Achaleke -Christian señaló a The Epoch Times que «es más que una práctica artesanal. No se trata solo de obtener recursos para ellos, sino de curarlos. Queremos, sobre todo, que la comunidad sepa que los que salen de la cárcel son personas válidas para la sociedad», incluso aquellos que han pasado por Boko Haram, algunos de los cuales son beneficiarios de este programa.

Sin embargo, más allá de la resolución de conflictos, la idea de Achaleke pasa por la prevención, por la construcción saludable de una sociedad, para lo cual es fundamental el papel de la juventud. En su blog señalaba que «en la mayoría de los países en desarrollo, los jóvenes de entre 15 y 35 años representan un porcentaje altísimo de la población, y muchos de ellos son personas muy activas y positivas. ¿Es justo que un Estado desarrolle cualquier proceso político sin contar con los jóvenes?».

El galardón, al que acompaña una donación de 10.000 euros, se concedió los últimos tres años a Helena Maleno y P.Mussie Zerai, por su trabajo con los migrantes en la frontera sur; al cardenal de Bangui, Dieudonné Nzapalainga y al imam de la mezquita central de la misma ciudad, Kobine Layama, por su lucha por la paz en República Centroafricana; a Victor Ochen, por sus esfuerzos por la reconciliación en Uganda y sus mensajes a la juventud y el año pasado a Silas Siakor por su trabajo en defensa de las comunidades y de la naturaleza amenazadas por multinacionales y políticos en Liberia.

Aparte del soporte en el acto, Joan Martí, presidente de Manos Unidas Barcelona, acompañó en nombre de la entidad a Achaleke Christian Leke y a miembros de Mundo Negro a la visita a la basílica de la Sagrada Familia.

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