El Papa advierte que la comida “no es una propiedad privada”

En línea con la misión y el trabajo de Manos Unidas

La comida no es una propiedad privada, metámonos en la cabeza esta idea. En la audiencia general que celebró este miércoles, 27 de marzo, en la Plaza de San Pedro del Vaticano, el papa Francisco dedicó su catequesis a hablar de la segunda parte del Padrenuestro, en la que el católico presenta a Dios sus necesidades simbolizadas en el pan, que significa todo lo necesario para la vida, tanto el propio alimento como el agua, la vivienda, las medicinas o el trabajo.

Francisco destaca que “el verdadero milagro” de Jesús no fue la multiplicación de los panes y los peces, sino que todos los compartieran

“La comida no es una propiedad privada sino, ayudados por la gracia de Dios, es providencia para compartir y oportunidad para salir al encuentro de los demás, especialmente de los pobres y necesitados”, dijo Francisco durante su alocución, en la que destacó que “el verdadero milagro” realizado por Jesús no fue la multiplicación de los panes y los peces, sino el hecho de que todos los compartieran.

La oración cristiana parte de la realidad, del corazón y de la carne de las personas que viven en la necesidad

El Papa Francisco invita a compartir el pan de cada día y denuncia la situación de tantos niños hambrientos en el mundo, especialmente en Yemen, Siria y Sudan del Sur, así como la angustia de muchos padres que no pueden dar el pan a sus hijos. 

Pan y lo necesario para vivir: trabajo, casa... medicinas...

Las palabras del Papa de ayer nos animan a seguir con nuestra misión fundacional: “En Manos Unidas luchamos contra el hambre, la deficiente nutrición, la miseria, la enfermedad, el subdesarrollo y la falta de educación”.

Manos Unidas tiene dos líneas claras de trabajo: la sensibilización y la participación en proyectos de cooperación al desarrollo:

Sensibilización:
Porque una de las prioridades del trabajo de Manos Unidas es dar a conocer y denunciar ante la sociedad española la existencia del hambre, como parte de la vida diaria más de 800 millones de personas, con el fin de hacer frente de manera colectiva a las causas que la provocan y encontrar las mejores soluciones.

Nos hará bien detenernos un poco y pensar en los niños que pasan hambre

Cooperación al desarrollo:
Manos Unidas reúne medios económicos para financiar los programas, planes y proyectos de desarrollo integral dirigidos a atender estas necesidades.

Y es que para Manos Unidas, el desarrollo es un proceso que debe llevar a transformaciones y cambios sociales tanto en el Norte como en el Sur, de forma que se alcancen condiciones de vida digna para todas las personas.

Si Dios es nuestro Padre, ¿cómo podemos presentarnos ante Él sin lo demás?

Desde Manos Unidas seguimos luchando contra el hambre y apoyando a las poblaciones más vulnerables del planeta a través de organizaciones locales con las que trabajamos en África, América Latina y Asia. Priorizamos a las comunidades más aisladas, las que tienen un Índice de Desarrollo Humano más bajo, las que no cuentan con otras ayudas. Apoyamos a mujeres y hombres que viven en condiciones de pobreza extrema y riesgo de exclusión, promoviendo derechos inherentes a cada persona con independencia de su sexo, raza, color y religión.

Texto íntegro del saludo del Papa

Queridos hermanos y hermanas:
En la catequesis de hoy pasamos a considerar la segunda parte del Padrenuestro, en la que presentamos a Dios nuestras necesidades. La primera es la del pan, que significa lo necesario para la vida: alimento, agua, casa, medicinas, trabajo. Es una súplica que surge de la misma existencia humana, con sus problemas concretos y cotidianos, que pone en evidencia lo que a veces olvidamos: que no somos autosuficientes, sino que dependemos de la bondad de Dios.

Los Evangelios nos muestran que para mucha gente el encuentro con Jesús se da, precisamente, a través de una súplica, de una necesidad: desde la más elemental, la del pan, hasta otras no menos importantes, como la liberación y la salvación.

En la invocación: «Danos hoy nuestro pan de cada día», Jesús nos enseña a pedir al Padre el pan cotidiano, unidos a tantos hombres y mujeres, para quienes esta oración es un grito doloroso que acompaña el ansia de cada día, porque se carece de lo necesario para vivir. Por eso Jesús nos invita a suplicar “nuestro” pan, sin egoísmos, en fraternidad. Porque si no lo rezamos de esta manera, el Padrenuestro deja de ser una oración cristiana. Si decimos que Dios es nuestro Padre, estamos llamados a presentarnos ante Él como hermanos, unidos en solidaridad y dispuestos a compartir el pan con los demás; en definitiva, a sentir en “mi hambre” también el hambre de muchos que hoy en día carecen aún de lo necesario.

***
Pidamos al Señor que no nos haga faltar nuestro pan cotidiano, y nos ayude a comprender que este no es una propiedad privada sino, ayudados por su gracia, es providencia para compartir y oportunidad para salir al encuentro de los demás, especialmente de los pobres y necesitados. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

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