El forzoso destierro de los indígenas Xavante

Cuando los Xavante regresaron a su tierra natal tras casi cuarenta años de exilio, se encontraron con un panorama desolador: casi el 90% de la selva amazónica estaba destruida.

El pueblo indígena Xavante de Marãiwatsédé (la tierra indígena más devastada de toda la Amazonía brasileña) habita desde mediados del siglo XIX, en un área de transición entre el Cerrado y la selva amazónica, entre dos grandes ríos del sur de la Amazonía brasileña: el Araguaia y el Xingu. En la actualidad está formado por 759 personas, distribuidas en 81 casas, que pertenecen todas a una misma aldea.

Su primer contacto con el “hombre blanco” se remonta a la década de 1950 en pleno auge de las políticas desarrollistas de ocupación y expansión de la frontera agropecuaria en la Amazonía.

En los años 60, el gobierno brasileño les obligó por la fuerza a abandonar sus tierras para convertirlas en una hacienda y partieron para un exilio de 38 años en otras áreas Xavante. La mitad del grupo murió en pocas semanas, a causa de las enfermedades

Su tierra ancestral fue ocupada y transformada en la mayor hacienda de ganado de América Latina, a Suiá-Missu. Hace 20 años, en la Conferencia del Clima de Río, la empresa italiana AGIP, que era la nueva propietaria de la hacienda, declaró su voluntad de devolver la tierra a sus dueños legítimos, los Xavante.

Seis años después, el Estado brasileño, por medio de la Fundación Nacional del Indio, FUNAI, reconoció Marãiwatsédé como Tierra Indígena, homologada con 165.241 hectáreas.

Paralelamente, políticos y empresarios corruptos de la región llevaron a cabo un proceso de invasión ilegal del área indígena, intentando impedir que se devolviera la tierra a sus antiguos moradores. Y esas personas influyentes comenzaron a emitir y vender títulos de propiedades falsos e ilegales con lo que engañaron a centenares de familias pobres de la región y de otras localidades.

Cuando en el año 2004 la propiedad de la tierra volvió a los indígenas, fue sólo parcialmente, pues buena parte de ellas siguen ocupadas por hacendados y campesinos.

A su regreso a la tierra que los vio nacer, tras casi cuarenta años de exilio, los Xavante de Marãiwatsédé se encontraron  con un panorama desolador: casi el 90% de la selva amazónica, de la que ellos y sus ancestros habían sacado el sustento, estaba destruida. La vida ha desaparecido de mayor parte de una tierra marcada por la deforestación.

Así las cosas, los indígenas Xavante tuvieron que enfrentarse, y se enfrentan aún hoy, a una vida marcada por la supervivencia en condiciones de escasez: de agua, de alimento, de vivienda, de salud y de educación.

Además, deben hacer frente a la necesidad de recuperar sus territorios, todavía ocupados ilegalmente y sistemáticamente destruidos.

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