La Misión de Bachajón. Una esperanza para el desarrollo de Chiapas

En el noreste de Chiapas, México, un grupo de jesuitas fundó en 1958 la Misión de Bachajón. Dos años más tarde, inició su servicio como obispo de la diócesis Monseñor Samuel Ruiz, el “obispo de los pobres”.

En esta zona poblada por indígenas la situación de pobreza es grave: el 47% de las familias sufre pobreza alimentaria, y el 78,4% vive en pobreza multidimensional (alimentaria, de patrimonio y de capacidades). 

Además de las elevadas tasas de analfabetismo (en especial en las mujeres) , la fragmentación y degradación de la tierra obligan a los jóvenes a abandonar sus comunidades en busca de trabajo. La Misión, ante esta situación, lleva más de 60 años trabajando para mejorar en lo posible la vida de estos indígenas, además de fomentar su desarrollo

Para ello, han pasado de atender aspectos aislados de la vida para concebir el desarrollo como un proceso integral de todos los factores presentes en la comunidad, en lo que ellos llaman “armonía”: salud física, ambiental y social junto con espiritualidad e interculturalidad

Con esta receta, la Misión ha logrado grandes avances en múltiples ámbitos. Para el desarrollo integral, por ejemplo, se han introducido numerosos avances y técnicas agrícolas en más de 127 comunidades, además de la instalación de cientos de letrinas, fogones y captaciones de agua potable. 

La Misión también les enseña diferentes medios de subsistencia económica. Por ello han construido dos cafeterías, y han fomentado las cooperativas de productores.

No hay que olvidar tampoco las labores de alfabetización y educación, en las que han creado una serie de cursos (cuidadores de la tierra, promotores de salud o resolución de conflictos) para que puedan acceder a una educación cualificada, tan fundamental para su desarrollo. 

En pastoral, por otro lado, han ordenado a más de 190 diáconos, y han publicado la primera edición de la Biblia en Tseltal, la primera lengua en la zona con más de 150.000 hablantes. 

Los pasos de la Misión, sin embargo, no han sido siempre fáciles. A finales de los 80’ surgieron en la Misión áreas de Derechos Humanos, toma de conciencia de derechos y participación en las esferas de mayor conciencia democrática y étnica. 

En 1994, se produjo el levantamiento por la dignidad indígena del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). La lucha que se inició entre el gobierno y las comunidades indígenas simpatizantes con la causa acabó con la destrucción del tejido social de éstas. 

La respuesta a este levantamiento se tradujo en un ataque continuo de grupos paramilitares (llamados Chinchulines) a la región, con quema de casas y asesinatos. 

Ante esta situación, el papel de la Misión fue clave en la mediación y el diálogo de paz entre el EZLN y el gobierno federal, tratando de lograr en un contexto de paz el reconocimiento de la dignidad y los derechos de los pueblos indígenas.

Andrea Coll

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