"La mina antipersona no destruirá mi futuro"

Historia de Khean Chin, joven superviviente de una mina antipersona

El pasado 20 de marzo en Manos Unidas conocimos la realidad de Camboya, uno los países con más personas con discapacidad producida por enfermedades como la polio, por la guerra o las minas antipersona que aún están escondidas bajo tierra, y que desde 1979 a 2018 han causado 64.778 víctimas. El joven Khean Chin es una de esas víctimas.

Khean Chin, un joven camboyano de 26 años cuyas raíces provienen de una humilde familia de granjeros, es el mayor de sus cinco hermanos. Dejó de estudiar a los 16 años para ayudar económicamente en su casa trabajando en el campo, y actualmente estudia segundo de TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) en el Instituto de Formación Profesional Nacional de Camboya.

Chin encarna la doble figura del hombre superviviente y luchador, que vive una historia de superación e ilusiones rotas. 

Retrocedamos unos años para entender una de las historias humanas que conforma la gran familia de Manos Unidas.

9 de agosto de 2013...

Apenas el día avanzaba hacia las 10 de la mañana, y un joven de 20 años junto con dos de sus hermanos pequeños caminaban hacia una colina detrás de su casa en busca de bambú para alimentar a la familia y para vender el sobrante en el mercado, cuando de repente su futuro cambió drásticamente.

“Pensé que me había caído, estaba completamente aturdido por el ruido que hizo la mina con la explosión, además había muchísimo humo y muchísima tierra que me impedían ver. Intenté levantarme y no puede, había perdido las dos piernas”, explica Chin.

Cuando Chin pisó la mina, era muy consciente de la situación de las personas con discapacidad en los pueblos, “porque mucha gente de mi alrededor había tenido accidentes de minas, y tenían situaciones complicadas, incluso, solo habiendo perdido una de las piernas” .La necesidad de tener que trabajar para sobrevivir complica la vida de estas personas porque no pueden hacerlo como el resto de la gente, “van más lentos, además cuando les duele el cuerpo no pueden ir a trabajar y eso dificulta las condiciones que tienen porque no generan ingresos”, apunta Chin.

Actualmente, vive en el Centro Arrupe, una iniciativa impulsada por el Servicio Jesuita de Camboya, socio local de Manos Unidas, donde se proporciona un hogar a aquellos jóvenes con discapacidad, principalmente víctimas de mina y afectados por polio, que asisten a la escuela o universidad.

La oportunidad le llegó de la mano de un obispo español. “Cuando tuve el accidente me desplazaron al hospital de emergencias de Battambang, y el Obispo Kike Figaredo, enterado de mi accidente por el doctor que me había operado, envió a dos trabajadores a visitarme para que me explicaran las actividades que se hacían en el centro”, recuerda Chin.

Este ambiente de convivencia con iguales, supuso una gran oportunidad para Chin ya que, por un lado, se vio obligado a ser autosuficiente y a normalizar su discapacidad, y por otro, tuvo esa segunda oportunidad de repescar sueños que, a veces, y solo a veces, te da la vida.

“Quiero seguir ayudando al trabajo que hacemos en el centro, formar una familia y ayudar a mis padres, y cuándo termine de estudiar buscar un trabajo en una empresa que venda piezas de ordenador o incluso abrir mi propia tienda”, comparte Chin con los asistentes.

Los sueños de Chin no se detienen, “también me gustaría ayudar a la gente que sufre, como tengo experiencia y conocimiento en esto del sufrimiento podría saber qué es lo que necesitan porque estas personas, que tienen discapacidades y situaciones complicadas como la mía, tienen sueños como cualquier otra persona y, a veces, no pueden alcanzarlos porque no tienen los recursos para lograrlos. Yo quiero ayudarles a alcanzar sus sueños”.

El accidente de Chin podría haber sido el principio del fin, porque como afirma Patricia Garrido Llamas, técnico de programas de Manos Unidas, “cuando tus piernas desaparecen en un país como Camboya, y vives en un medio rural donde no hay otra opción que trabajar en la tierra, tu vida se acaba en todos los sentidos”.

La Prefectura Apostólica de Battambang hace una importante labor de formación, educación y derechos con los que reivindica, precisamente, el lema que este año tiene Manos Unidas: “Creemos en la igualdad y en la dignidad de las personas”. Patricia Garrido subraya su importancia aludiendo al hecho de que “la mina no se llevó tus derechos, y tu condición de persona y ciudadano de pleno derecho”.

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