Días de la Alimentación y de la Erradicación de la Pobreza

A un lustro de que se cumpla el plazo establecido por los Objetivos de Desarrollo del Milenio para erradicar la pobreza extrema y el hambre en el mundo, las cosas no mejoran.

Hace cinco años, con motivo de la conmemoración, los días 16 y 17 de octubre, de las jornadas que Naciones Unidas dedica, respectivamente, a la Alimentación y a la Erradicación de la Pobreza,  en Manos Unidas nos hacíamos eco de unas cifras que nos golpearon en la conciencia como una maza.

Entonces hablábamos de que en nuestro mundo, junto a la opulencia más absoluta convivían 1.200 millones de pobres y 850 millones de hambrientos, y confiábamos en la voluntad de todos, de los mandatarios y de la sociedad civil, para acabar con estas lacras vergonzantes.

Desgraciadamente, cinco años después, esas cifras, lejos de disminuir, aumentan (Datos de FAO y el PMA):

  • 925 millones de personas padecen de hambre crónica
  • Cada 6  segundos muere un niño por causas relacionadas con el hambre
  • El hambre mata más personas que el SIDA, la malaria y la tuberculosis juntas
  • En el mundo hay 1.400 millones de personas  pobres, que viven con menos de 1,25$ al día

 

En Manos Unidas no tenemos la fórmula mágica que acabe con el hambre y la pobreza, dos conceptos íntimamente relacionados, que se retroalimentan. Pero sí sabemos que erradicar el hambre es, sobre todo, una cuestión de voluntad, de compromiso y de sensibilización; de invertir en agricultura y de reformar las reglas del juego del comercio internacional, que se han demostrado injustas.

Eso es, principalmente, lo que hay que hacer. Se trata de poner realmente en práctica los compromisos que se adquieren, que éstos no queden en un mero titular de prensa. Y en esto, la sociedad civil juega el papel fundamental. Deberían reclamar a los Gobiernos que se cumplan las promesas.

Porque, aunque hablamos de datos y cifras, estos números corresponden a personas, a historias diarias de sufrimiento y marginación, a rostros ante los que ni debemos ni podemos cerrar los ojos. 

Por otra parte, sabemos que los ODM solo podrán alcanzarse en cada país con la firme determinación de sus gobiernos y de sus ciudadanos y con compromisos reales y ayudas eficaces en el marco internacional para la lucha contra la pobreza. 1.400 millones de pobres y 925 millones de hambrientos así lo demandan.  

Y, aunque a veces las perspectivas no sean halagüeñas, la máxima de Manos Unidas es no tirar nunca la toalla. Por ello, en 2009 Manos Unidas aprobó 692 proyectos de desarrollo en 58 países por importe de 41.416.317,62 euros. Dichos proyectos se distribuyen en cinco sectores prioritarios de cooperación: agrícolas (13%), sanitarios (19%), promoción social (17%), educación (38%) y promoción de la mujer (13%).

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