La pobreza, el mayor obstáculo para la salud

Dia mundial de la salud: diferencias escandalosas entre paises y personas

Aunque el acceso a la salud es un derecho fundamental para todos los seres humanos, existen diferencias escandalosas entre países pobres y países ricos y entre personas ricas y pobres de un mismo país.

En el Día Mundial de la Salud, y en el marco de su campaña anual “Creemos en la igualdad y en la dignidad de las personas”, Manos Unidas reclama que el derecho a la salud, recogido en la declaración de los Derechos Humanos y proclamado hasta la saciedad por constituciones y cartas magnas, no sea sólo un derecho para los países más ricos.

“El derecho a vivir es inherente al ser humano, y el del acceso a la atención sanitaria debería serlo, sea cual sea la situación social, nacionalidad o lugar de residencia de las personas”, afirma Waldo Fernández, del área del Educación para el Desarrollo de Manos Unidas.

La ONG trabaja para que todas las personas puedan tener la posibilidad de hacer frente a la enfermedad con acceso a medicamentos, vacunas, servicios de asistencia, agua potable, condiciones de higiene digna y educación. “Nuestra experiencia nos dice que la promoción de la salud y el desarrollo caminan juntos y que luchar contra la pobreza nos ayudaría a reducir la incidencia de muchas enfermedades en la población más necesitada y revertiría en unas mejores condiciones de vida y, por tanto, en mayores oportunidades de desarrollo”, expone Fernández.

Resulta paradójico que en la era de la robótica, de la ingeniería genética o de la tecnología 5-G, continúen existiendo millones de niños desnutridos, de personas sin acceso a las vacunas, de mujeres que mueren al dar a luz y de personas que no pueden acceder a medicamentos y centros sanitarios”, señala Waldo Fernández.

Salud y pobreza: cifras desalentadoras
Para Manos Unidas, el derecho a la salud es una cuestión de justicia social por lo que no puede permanecer indiferente ante ciertas realidades, como los datos que ofrece Naciones Unidas.

  • En los países desarrollados, la esperanza de vida (el número de años que cabe esperar que viva un recién nacido) es superior a 80 años, mientras en los países más pobres apenas llega a los 50.
  • Mil millones de personas en el mundo sufren desnutrición, derivada de dietas bajas en calorías, proteínas y micronutrientes básicos.
  • Unos 165 millones de niños menores de cinco años (casi uno de cada cuatro) sufren desnutrición crónica.
  • La desnutrición es la culpable de la muerte de casi la mitad de los 6.3 millones de niños menores de cinco años que fallecen cada año por causas fácilmente prevenibles y curables.
  • El 40% de la población mundial no tiene cobertura sanitaria, y el 33% no tiene acceso a las medicinas, porque su alto coste no se lo permite. Y es que la producción de medicinas es un negocio, por los que, con frecuencia, se fabrican los medicamentos más rentables, no los más necesarios para la salud de la gente.

Es innegable que, en los últimos años, ha mejorado la situación global de la salud en el mundo. Pero, al mismo tiempo, en las regiones más pobres han reaparecido enfermedades y epidemias que creíamos desterradas. “No hay más que ver el nuevo brote de ébola en la República Democrática del Congo que se ha producido en una zona castigada por un conflicto eterno y de la que tan poco se conoce. Casi 500 muertos, una cifra que podría haberse evitado con la adecuada atención sanitaria y, sobre todo, con educación y formación para prevenirla”, lamenta Fernández.

Para Waldo Fernández resulta deplorable que la salud (o su falta) no sea ajena a la inequidad social. A su juicio, existen diferencias escandalosas entre países pobres y países ricos y entre personas ricas y pobres de un mismo país. “Realmente, se produce una relación causa/efecto de doble dirección: la pobreza genera mala salud, y la mala salud contribuye a perpetuar la pobreza. La pobreza es el mayor obstáculo para la salud”, explica.

Manos Unidas es consciente de que la mejora de las situaciones de salud de los más pobres no será posible sin poner en marcha estrategias que aborden sus causas y que pasa necesariamente por la lucha contra la injusticia social y la inequidad.

En el año 2018, Manos Unidas aprobó 79 proyectos sanitarios, por importe de 4.115.784 euros, que beneficiaron directamente a 556.852 personas.

En Etiopía, protegemos la salud de las personas más pobres
En Etiopía, a algo menos de 250 kilómetros al sureste de Addis Abeba, se encuentra el Hospital Rural de Gambo, gestionado desde hace más de 45 años por los hermanos de La Consolata. El hospital, con el que comenzó a colaborar Manos Unidas en el año 1997, es un centro de referencia en una región en la que el acceso a la sanidad es más que precario.

En el gran país africano, cuyo crecimento económico en los útimos años ha sido más que notable, la cobertura sanitaria está limitada al 46 por ciento de la población. Hay un médico por cada 56.000 habitantes y un hospital puede llegar a atender a más de 660 mil personas y cada centro de salud a unas 37.000. Y, aunque en los últimos 5 años el acceso a los servicios sanitarios en las zonas urbanas se ha incrementado del 59 al 71 por ciento, en las zonas rurales este aumento ha sido mínimo, debido a que los servicios médicos y hospitalarios del país se encuentran aún muy centralizados.

La actividad diaria del Hospital de Gambo es reflejo de las múltiples carencias que presenta el sistema sanitario etíope. A las consultas externas de este centro acuden cada día 250 pacientes y cada mes se producen 300 ingresos, cuando la capacidad es de 150 camas. La mayor parte de los pacientes proceden de la zona rural, donde los ingresos anuales no superan los 250 dólares. Este factor, sumado a la dificultad para acceder al centro hospitalario desde las aldeas remotas y aisladas, es el motivo por el que la mayor parte de los niños y de las mujeres embarazadas que necesitan atención sanitaria, no consiguen nunca llegar al hospital.

Precisamente, para mejorar la atención primaria en los centros de salud, donde el personal sanitario rural no puede desempeñar correctamente su labor, sea por falta de conocimientos o por falta de medios, desde el hospital se está llevando a cabo un programa de formación de trabajadoras sanitarias rurales -principalmente en temas de salud materno-infantil y desnutrición- para que puedan atender correctamente a las mujeres en asuntos relacionados con el embarazo y el parto, y a los niños menores de cinco años afectados por desnutrición o por las enfermedades más comunes entre los más pequeños.      

Una vez recibida la formación, serán estas mujeres las encargadas de transmitirla a la población, principalmente a las madres, aunque las actividades formativas también se hacen extensivas a los líderes comunitarios y religiosos.

Manos Unidas ha acudido, una vez más, a la llamada de los hermanos de la Consolata y está colaborando en la implementación de este programa de dos años de duración. Además, se ha apoyado la compra de los equipos médicos necesarios en las unidades hospitalarias materno-infantil y pediátrico-nutricional y la renovación del mobiliario en mal estado y en la adquisición de complementos nutricionales y una pequeña parte de las medicinas.

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