Dario Chaves: El milagro de la solidaridad

Darío Chaves es un misionero comboniano de origen portugués, afincado desde 2008 en Lilongwe (Malawi) como provincial de la zona, que recientemente ha cumplido sus bodas de plata como misionero en África. Nuestro homenaje en el Día mundial de la solidaridad.

Muchos son los recuerdos y anécdotas que guarda celosamente en la memoria. Y grande, muy grande, el hueco reservado en su corazón para Lilanda Parish, la parroquia –con sus vibrantes y alegres liturgias- , situada en uno de los barrios más pobres de las afueras de Lusaka, capital de Zambia, donde pasó 10 años como párroco y de la que habla con pasión.

La labor pastoral a la que se dedicó el padre Chaves a su llegada, dio paso, según crecía el barrio, a una importantísima labor social, en un lugar donde la tasa de sida aumenta a la par que el número de huérfanos y viudas por la enfermedad no cesa de crecer, y en el que la vida vale muy poco.

Los que le conocen cuentan de él que tiene una energía a prueba de bombas. Falta le haría entonces para atender a tantas y tantas personas que cada día se acercaban en busca de ayuda y consuelo. Por y para ellos, se las ingenió para levantar de la nada un colegio, que atiende a aquellos que no pueden pagar porque nada tienen, y cuyo sostenimiento económico sigue produciéndole grandes quebraderos de cabeza.  Además, creó un centro de Formación Profesional y una huerta comunitaria… Pequeños proyectos con grandes pretensiones: contribuir a paliar las crecientes necesidades del barrio

Como tantos otros, el religioso portugués se dejó la piel en Lilanda, aunque, en su caso, podría haberse dejado también la vida. La paliza que recibió cuando acudió en auxilio de unas religiosas, que vivían también en el entorno de la parroquia, y estaban siendo atacadas por unos maleantes, se saldó con el cráneo roto y con un médico ruso ateo que hablaba de un milagro: “Si Dios existe, esto ha sido un milagro y, si no, padre Darío, es que ha tenido usted mucha suerte”.

Salvarse fue cuestión de milímetros, pero para él, tan concienciado con los problemas ajenos, no fue más que otro gaje del oficio. Y otro motivo más para demostrar su sentido del humor cuando nos cuenta cómo le sentaba el turbante que cubría su cabeza cuando dio su primera misa, a los pocos días de la operación. A pesar de las muchas dificultades, al padre Darío nunca se le ha pasado por la cabeza tirar la toalla. Su sitio estará siempre en África, entre los que menos tienen y más ofrecen. 

 Manos Unidas siente un afecto especial por el padre Darío y  ha querido contar su historia en el Día de la Solidaridad, personificando en él el trabajo y la entrega de tantas otras personas que dedican sus vidas a los que más lo necesita. A todos ellos, GRACIAS.

 

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