Crónica de un contraparte de Manos Unidas desde Haití

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  • REF: EMERGENCIA HAITÍ

    Eran los últimos momentos del atardecer cuando la tierra empezó a temblar. A temblar y a abrirse, porque en algunos lugares "la carretera se abrió por la mitad". El terremoto tuvo una magnitud de 7,3 grados según la escala de Richter, y duró más de un minuto. Pero los efectos humanos, sociales y económicos se multiplican cuando eso ocurre en el país más pobre de América.

    Era el martes 12 de enero. El epicentro se localizó cerca de Puerto Príncipe, la capital del país, en la que se aglomeran casi dos millones de habitantes, de los aproximadamente nueve que tiene la nación caribeña. El primer temblor fue seguido en muy poco tiempo de varias y fuertes réplicas de magnitud alta, que contribuyeron a aumentar el pánico inicial.

    Los efectos del terremoto para los haitianos son y serán devastadores. Se trata de un país donde más del 80% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, sin capacidad de respuesta para un desastre como el que se ha cernido sobre ellos.

    Al principio, se ha hablado de cientos o miles de muertos. Los damnificados serán probablemente cientos de miles. Y los daños materiales, sobre todo en destrucción de infraestructuras (viviendas, edificios públicos, carreteras, servicios…), son literalmente incalculables.

    Las noticias hablan de muchos edificios derrumbados en la ciudad capital. El palacio presidencial sufrió daños considerables, con derrumbamiento parcial. También el edificio-sede del Banco Mundial, y el que alberga la misión de la ONU (Cascos Azules), que quedó totalmente destruido. El derrumbe del lujoso Hotel Montana (probablemente el mejor del país) pudo haber aplastado a 200 personas. También se habla de graves daños en hospitales, escuelas, supermercados...

    El país ha quedado prácticamente incomunicado. El servicio eléctrico suspendido. La circulación es imposible en las calles de Puerto Príncipe, obstruidas por montañas de escombros. El aeropuerto ha cancelado sus operaciones, y la comunicación con el exterior es muy limitada, porque las redes telefónicas, internet, etc, no funcionan.

    Tras 30 años de dictadura de la familia Duvalier, en 1987 se aprobó una Constitución, pero ha persistido la inestabilidad política, con frecuentes golpes de estado. Las estructuras sociales y políticas son muy débiles e inestables, y es notoria la desestructuración social. Una misión de la ONU, con 6.700 militares de 17 países, trata de dar estabilidad al país desde mediados de 2004.

    Haití ocupa el último lugar del hemisferio occidental en su renta per cápita y en el Índice de Desarrollo Humano, según el Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD), en posiciones similares a las de los países de África más empobrecidos (posición 149, de un total de 182 países). La esperanza de vida es de 55 años, una de las más bajas del mundo. Sólo la mitad de los haitianos sabe leer y escribir, y apenas el 5% de la gente tiene acceso al agua potable en su casa.

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