Costa de Marfil. La tierra fértil de África occidental, dominada por las armas

La situación en Costa de Marfil es cuanto menos desoladora. Las elecciones de 2010 llevaron a una profunda crisis y un tremendo enredo político y militar, con el único objetivo de controlar los recursos naturales.

Y es que Costa de Marfil es una tierra de suelos fértiles, cuyas principales explotaciones son el cacao (siendo este país el primer exportador del mundo) y el caucho, coronándose como primer productor africano.

El problema se remonta a 1980, cuando al reducirse los precios mundiales del cacao y del café aumentó drásticamente la competencia entre los productores, provocando constantes disputas entre autóctonos y extranjeros. Para tratar de evitarlo en 1998 se aprobó una ley que excluía a los no marfileños de la propiedad de la tierra.

El intento de golpe de Estado de 2002 contra el presidente Gbagbo desencadenó una cruda guerra civil, que dejó el país dividido en dos: los rebeldes dominando el norte, y los partidarios de Gbagbo en el sur. Manos Unidas organizó entonces un centro de refugiados para 6.000 personas, en una guerra que la misionera Bernarda García recuerda como “el peor acontecimiento que he vivido”.

No suficiente con esto, en 2007 se inició otro fenómeno desestabilizador: la llegada en masa de burkineses a Costa de Marfil.

En marzo de 2011 la crisis postelectoral que enfrentó a Ouattara y a Gbagbo desembocó en un nuevo conflicto armado, en el que se produjo la matanza de cientos de personas por las Fuerzas Republicanas de Costa de Marfil (FRCI). Ouattara tomó finalmente el poder en abril de 2011.

Poco después empezaron a producirse ataques de “mercenarios liberianos”, supuestamente pagados por opositores de Ouattara exiliados en Ghana. A esta situación se sumaron los denominados Dozos, la mayoría de ellos de Burkina Faso y Mali, que circulaban en moto con vestimentas tradicionales y fusiles “calibre 12”.

El problema de la inmigración burkinesa, que se había iniciado masivamente en 2007, seguía en aumento. Los burkineses aprovechan los terrenos y casas abandonados por los atemorizados marfileños, y cultivan cacao, caucho y cannabis.

Actualmente los aldeanos se encuentran en una situación de tremenda inquietud, puesto que ellos no están armados mientras que los burkineses sí lo están. A todo esto se le añade que los oficiales de las FRCI “dictan su ley” desde que se privó de armas a la policía por ser sospechosa de apoyar a Gbagbo. Si algo es cierto, es que el control por las armas en Costa de Marfil supone una inestabilidad e inseguridad de la que salen perdiendo los más desfavorecidos. 

Andrea Coll 

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