Testimonio: José Avilés

José Avilés, misionero defensor de los derechos indígenas en México

«No hay justicia sin igualdad»

"Nosotros buscamos el desarrollo desde las familias, desde las microrregiones, que los excedentes sean compartidos y que tengan más posibilidad de autonomía, que no pierdan lo propio."

Este misionero mexicano es director de la Misión Jesuita de Bachajón y vicario de Justicia y Paz de la diócesis de San Cristóbal de las Casas (Chiapas, México), donde se dedica al acompañamiento y desarrollo de las comunidades indígenas tseltal. «El hecho de ser una sociedad rural, indígena, con un modo de relacionarse más simple, a veces facilita que el lugar de la mujer sea mucho más claro, lo que no quiere decir más justo y equilibrado. Muchas veces la relación entre el hombre y la mujer es desigual, donde ella es un miembro de la familia de segunda clase porque no se le reconoce ni adecuada ni justamente su trabajo y su aportación », reconoce Avilés. Y añade: «En este sentido, tenemos mucho por recorrer.»

 Sin embargo, afirma que en ciertos aspectos se ha avanzado, como es el tema de la Iglesia autóctona, «especialmente en el caso de los diáconos permanentes, que caminan y trabajan junto a sus esposas». Una de las acciones para las mujeres que desarrollan en la misión es «un programa donde la mujer tiene la posibilidad de trabajar en lo que le gusta, en lo que sabe hacer", nos explica el jesuita, «y que son los bordados, el tejido. Tejen con una gama muy grande de hilos y se expresan en una manta los símbolos de su cultura. Estos productos se comercializan, ellas obtienen un pequeño ingreso que les permite ser, en cierto modo, independientes ».

La misión acompaña esta cooperativa de mujeres artesanas. Pero no es el único proyecto para la mujer tseltal. «También acompañamos a grupos de mujeres para que vayan adquiriendo más fuerza, vayan teniendo su formación. Se tratan con ellas temas de género, se escuchan sus problemas, sus dificultades con la familia ... », apunta el misionero. «Están lo que llamamos las" cuidadoras de la tierra ", un nuevo cargo que se ha ido impulsando dentro de la misión y donde Manos Unidas ha desempeñado un papel importante en la formación de estas mujeres. Se las forma en todo lo que tiene que ver con la soberanía alimentaria. Es un proyecto que podría parecer innovador, pero se trata de volver a las raíces, de volver al campo de lo que nos han echado las grandes ciudades. »

Según José Avilés, «queremos tener herramientas para conseguir una plataforma alimentaria. Si son dueños de lo que comen, podemos hacer muchas cosas porque se mejora la alimentación ». «Nosotros buscamos el desarrollo desde las familias, desde las microrregiones ... que los excedentes sean compartidos y que tengan más posibilidad de autonomía, que no pierdan el mismo.»

diferentes violencias

El trabajo en la misión de Bachajón tiene que hacer frente a diferentes tipos de violencias, como nos dice José Avilés. «Una de ellas es la violencia contra las mujeres. Aquí se vive la marginación de la mujer, la vejación, los golpes ... también está la cuestión de la migración. Para Chiapas pasan todos los migrantes. Es una violencia de vejaciones, de venta de personas, de órganos de niños, de niñas para la prostitución », comenta el jesuita mexicano.

 Otra violencia es «la de la gran industria con sus megaproyectos, que acaban con las tierras, con los cultivos tradicionales, con los bosques, contaminan ... esto nos oprime, nos empobrece. Cada vez son más ricos un puñado cada vez más pequeño de multimillonarios. No podemos soportarlo y no puede soportarlo la madre naturaleza! »También existe la violencia de los militares y paramilitares, señala Avilés. «Ya nos hemos acostumbrado a su presencia. No se puede vivir así! Para qué están? Para los intereses de los grandes capitales en contubernio con los gobiernos. »En este sentido, apunta:« El narcotráfico es un gran capital. Es el negocio más productivo que lava dinero en las grandes firmas bancarias y financieras. Los gobiernos están involucrados, saben lo que pasa y lo permite. Es un crimen organizado que permite al Estado "

Y, por último, añade, «otra violencia y creo que es de las peores, son los proyectos asistenciales mediáticos del gobierno. Son populistas, no solucionan las causas de fondo del problema. Son programas que controlan y apaciguan a la población, de tal manera que puedan volver a ejercer esclavitud, quitar tierras, saquear ... ». Este misionero cuenta que en la misión han recibido amenazas y presiones: «Paramilitares han querido acabar con nosotros porque hay gente que no quiere que cambie nada ni que se le quiten sus privilegios. Se sienten amenazados cuando denunciamos los atropellos, lo que no es correcto ... tenemos enemigos porque no les gusta que se les hable con la verdad. Hay que tener mucha confianza en que Dios está con nosotros y actúa a través de la comunidad ».

 Algo que tiene muy claro José Avilés es que «hay que mantener la esperanza. Dios está con los pobres y no perdamos esta esperanza. También nos ayuda la forma de ser de los pueblos indígenas. Es muy importante la manera en que se ayudan, el sentido comunitario, el sentido del servicio no remunerado ... ».

Y reflexiona: "Si no hay igualdad no hay justicia, y no encontraremos armonía si no contamos con la mujer, situada justamente en su lugar, y también nosotros, los hombres, tenemos que reubicarse en nuestro sitio. Juntos encontraremos caminos de paz, de justicia, de dignidad, de paz, de democracia ... »

inculturación

José Avilés es un enamorado del pueblo indígena y habla de él con pasión y con respeto. «Me ha enseñado a volver a mis raíces, a recuperar el mismo, a preguntarme quién soy, de donde vengo, quiénes son mis antepasados ​​...», confiesa, «creo que estoy cumpliendo una misión que trasciende lo que uno conscientemente puede elegir ». Asegura que «he descubierto que estoy aquí para volver algo de lo que mis antepasados ​​se llevaron. Es una cuestión de justicia, de equilibrio cósmico, cristiano y evangélico. Mi raza, que es europea, se llevó mucho. Cometimos muchos atropellos y crímenes que la historia busca resarcir. Es una misión que agranda el corazón porque estás "pagando" lo que justamente habías. Cuando vuelves lo que no es tuyo, viene el equilibrio, la paz, la armonía ... es una armonía para mí y para los que ya nos dejaron ».

Cuando habla de la Iglesia autóctona, le brillan los ojos, y no se cansa de repetir una y otra vez la gran riqueza que supone para la Iglesia universal: «La enriquece con una espiritualidad que centra su atención en Jesús, donde hay una clara conciencia de Dios que nos ha acompañado a través de la historia y que descubrimos en el Antiguo y el Nuevo Testamento, pero no sólo. El pueblo indígena nos enseña que Dios también está en la naturaleza, de una manera muy viva. Tienen una adoración especial en la cruz porque es la caña abriendo los brazos para alimentar a sus hijos con sus frutos. »

Para Avilés, «los indígenas nos enseñan a mantener la armonía con toda la trascendencia. Sienten una gran comunión con la Iglesia peregrina en el cielo, sienten muy vivos a los santos. Son increíbles también sus ritos de perdón. Además de confesarse con un sacerdote, los niños de Primera Comunión pasan por los principales ancianos y ancianas de la comunidad, se arrodillan ante él, escuchan sus consejos, los besan las manos y las rodillas. También lo hacen con los padres. Muestran respeto a los que lo merecen, a los que les dieron la vida. Nos enseñan a darles su lugar y el respeto a cada uno. Cada año se hace la celebración de reconciliación en cada comunidad. Todos y todas se piden perdón como señal de respeto. Esto mantiene muy integrada a la comunidad ».

 O también el hecho de que «tienen su propio rito del matrimonio, que no sustituye por supuesto al sacramento, sino que la enriquece y la exalta. O cuando alguien está enfermo, toda la comunidad va a verlo. Tienen una gran riqueza de valores, de los que podemos aprender mucho ».

Rosa María Jané Chueca

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