La Misión Tseltal: "Los jesuitas son unos grandes defensores de la cultura tseltal"

El director "La Misión Tseltal", Josep Lluís Penadès, nos cuenta la experiencia que supuso para él el rodaje del documental en Chiapas, así como su convivencia con los indígenas y jesuitas.

-El año 2005 marca un punto de inflexión en su vida y decide cambiar de rumbo, ¿qué pasó?

Algo muy sencillo: no era feliz. Trabajaba en la televisión y en la radio, pero personalmente me sentía insatisfecho. Decidí hacer una parada, reflexionar, y me di cuenta de que no llevaba la vida que me gustaba. Me encantaba viajar y no viajaba; me gustaba profundizar en las historias, escuchar a la gente, relacionarme... y desgraciadamente, en los medios de comunicación a causa de su inmediatez y la rapidez, jamás puedes profundizar mucho. Decidí dejarlo todo e hice un cambio radical de vida. Me fui a vivir a una comunidad indígena en Costa Rica. Allí hice mi primer documental.

-¿Cuál es la intención de sus documentales: denunciar, concienciar?

Básicamente he hecho lo que me dictaba el corazón: conocer culturas, gente, viajar... esto me abrió mucho la mente. Cuando compartes con la gente te das cuenta de todas las injusticias que se producen. Por eso, en mis documentales denuncio muchas cosas, son documentales sociales.

-¿Por qué un documental sobre los tseltales?

Manos Unidas me propuso formar parte del jurado del concurso de clipmetrajes que organizaba. A partir de aquí conocí el trabajo de Pepe Avilés y consideramos interesante hacer un documental sobre los indígenas tseltales, que es una de las comunidades con las que trabaja la misión de Bachajón y Manos Unidas en Chiapas. Salió la oportunidad y pude ir a México.

Entrevista a Josep Lluís Penadès en "Para todos La 2" de TVE

-¿Qué encontramos en este documental?

No es un documental antropológico. Mi primera idea era convivir con una familia indígena tseltal y reflejar a través de ella la realidad que viven. Cuando llegué, me sorprendió mucho lo creyentes y religiosos que eran. Sinceramente, esta primera imagen me molestó mucho. ¿Por qué? Porque pensaba que habían perdido su identidad propia, que estaban «cristianizados». E intenté obviarlo, pero me di cuenta de que eso era falsear la realidad. Comencé a indagar y por eso me fui a vivir a la misión de los jesuitas. Fue una experiencia extraordinaria porque cayeron todos mis estereotipos. Con esto no quiero decir que las misiones evangelizadoras no hayan hecho daño a lo largo de la historia, sin embargo constato que ha habido un cambio de paradigma. Allí he visto que los jesuitas son unos grandes defensores de la cultura tseltal. Por ejemplo, cuando enseñan el Catecismo les hablan de la ley maya, de los dioses mayas, de sus antepasados... también tienen la liturgia adaptada y han conservado mucho sus rituales.

-¿Cómo conviven la fe cristiana y la tradición tseltal?

No es sincretismo. Lo que hay es una síntesis. Los indígenas estuvieron cien años sin contacto con el cristianismo, cuando se prohibieron las misiones. Sin embargo, habían asimilado perfectamente aquellas creencias y las que tenían anteriormente. Ésta es su cultura, es su realidad. Lo que más me gustó es que los jesuitas son unos luchadores incansables por las reivindicaciones de los tseltales: desde crear la gramática de su lengua, buscar soluciones para recuperar sus territorios, crear comisiones y darles herramientas de educación para llegar a la universidad, recuperar la medicina tradicional... Los jesuitas allí son muy combativos a favor de los indígenas y muchas veces ponen en riesgo, incluso, su vida. En la misión he encontrado a un chico mexicano ateo trabajando con ellos; una chica de Murcia agnóstica que también colabora con ellos... y compruebas que hacen una gran defensa de los jesuitas. Te das cuenta de que por encima de creencias o visiones de vida tienen muy claro que realizan una gran labor de ayudar a las comunidades indígenas. Esto enamora.

-¿Usted cree en Dios?

Yo, al final del documental, digo que me cuesta creer en Dios, pero creo firmemente en aquellos hombres y mujeres que siguiendo su mensaje están entre los más pobres. Y creo que eso es lo que refleja el documental.

-¿Cómo funciona la misión de Bachajón?

Es como un gobierno aparte, no declarado como tal. Una de las cosas que están recuperando son las antiguas leyes indígenas. Una de las cosas más preciosas que tienen los tseltales es la armonía, que para ellos es básica: en la familia, en la comunidad, en la naturaleza... jurídicamente están recuperando los antiguos jueces tseltals, que buscan evitar llegar a los juzgados nacionales y evitar así el conflicto. Este juez busca un entendimiento sin un castigo. Los jesuitas les facilitan las herramientas para hacer frente jurídicamente al Estado para defender la tierra; les enseñan a no depender de la oferta económica que viene de fuera, el consumo de proximidad se potencia; les enseñan a no depender sólo de la medicina occidental... La misión nació en el año 1958 y una de las cosas que se ven en el documental, y que me encantó, es que ellos asumen la culpa y dicen que cuando llegaron estaban totalmente equivocados. Iban con la idea de enseñarles la verdad tanto respecto a la educación como a la religión. Se dieron cuenta de que aquella gente tenía unas creencias y una sabiduría que no se podía dejar perder. Realizaron un trabajo de inculturación y son unos grandes defensores de la cultura, el folklore, las costumbres, la tradición, las ideas y la espiritualidad de los indígenas.

-¿Los tseltales valoran tanto su propia cultura?

Muchos jóvenes que salen de Chiapas para trabajar o estudiar, lo primero que hacen es rechazar las raíces indígenas. Su cultura es despreciada y se avergüenzan de ella. Los indígenas no dan la espalda al mundo, pero para poder acceder a la educación, por ejemplo, necesitan dinero y no lo tienen. Estamos hablando del estado más pobre de México, lo cual afecta mucho más a los indígenas. Ellos quieren mejorar, como todo el mundo, pero no tienen oportunidades. El sistema los margina.

-¿Cuál es el principal problema de las comunidades indígenas?

Una utopía es el reconocimiento de todo su territorio y el retorno de sus tierras, para gestionarlas ellos mismos. Consolidar todo lo que están haciendo los jesuitas. La misión se encuentra en Chiapas, cuna de los zapatistas...Aún están allí, hacen mucho trabajo y mucha lucha. Son valorados y bien vistos en las comunidades. Los jesuitas, desde el levantamiento de 1994 del subcomandante Marcos, siempre han optado por la vía pacífica, apoyando a los pobres. Si esta postura hace que les confundan con zapatistas, ellos asumen este riesgo. Los jesuitas han tomado parte claramente por los más pobres y débiles: los indígenas y los campesinos.

Rosa María Jané Chueca

Redactora de "Cataluña Cristiana"

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