Educación solidaria

Educar en y desde la solidaridad

Se ha de educar en valores solidarios: Sin duda la esperanza aumenta en la medida que crece y se practica la solidaridad. La auténtica esperanza es solidaridad con los oprimidos. Solidaridad no meramente sentimental, sino comprometida y liberadora.

Etimológicamente la palabra solidaridad deriva de dos raíces distintas:

Por una parte vendría del término numismático latino solidum, nombre que recibía la moneda-patrón del sistema monetario que daba unidad, estabilidad, y cohesión vinculando todo el sistema financiero y comercial del Imperio Romano: el sólidum equivaldría a lo que hoy representa el euro para la consolidación de la UE

La otra raíz proveniente del mundo de la física, haría derivar la palabra solidaridad del término sólido, como contraposición al estado líquido o gaseoso. Entendida así, el término solidaridad haría referencia a una actitud o situación estable y permanente por la que te encuentras fusionado, unido al otro, como solidificado con el otro, sintiéndote cohesionado y formando parte de la misma realidad, como el conglomerado se distingue del grano de arena, o una sociedad de una multitud.

El autor francés ANDRÉ COMTÉ-SPONVILLE habla de solidaridad objetiva y subjetiva.

Define la objetiva como "el hecho de una cohesión, de una interdependencia, de una comunidad de intereses o de destino. Ser solidarios es pertenecer a un mismo conjunto y compartir, por consiguiente, una misma historia".

La subjetiva la define como "un estado del ánima: no es más que el sentimiento o la afirmación de la interdependencia"

Esta dualidad de comunidad de intereses (solidaridad objetiva) y de toma de conciencia de esta comunidad (solidaridad subjetiva) queda perfectamente reflejada en la descripción formulada por JUAN PABLO II cuando afirma: "La solidaridad no es un sentimiento vago y superficial por los males que sufren las personas próximas o alejadas; al contrario: es la determinación firme y perseverante (solidaridad subjetiva) de trabajar por el bien común, es decir, por el bien de todos y de cada uno, porque todos somos responsables de todos" . (solidaridad objetiva)

Nuestra organización MANS UNIDES, que tan sólo tiene sentido como una larga historia de solidaridad, desde sus principios, en el folleto número cero de su colección la definía así: "La solidaridad tiene su origen en la sensibilidad (solidaridad subjetiva) y se traduce en una forma de ver el mundo y en una manera de actuar, para ser instrumentos de transformación (solidaridad objetiva) La solidaridad no es tan sólo un sentimiento, ni una reacción inmediata y superficial. La solidaridad implica todas las dimensiones del ser humano (...) Una actitud de solidaridad se traduce necesariamente en hechos y en cambios en los hábitos y conductas".

"La solidaridad es la determinación firme y perseverante de trabajar por el bien común porque todos somos responsables de todos"

La MEJOR FÓRMULA de solidaridad, es la solidaridad como ENCUENTRO.

La solidaridad como encuentro significa vivir la experiencia de toparse con el dolor y la injusticia. Sin duda lo mejor es el partenariato; la experiencia del voluntario cooperante, la vivencia directa de trabajar no sólo por el Tercer Mundo, sino desde el Tercer Mundo y con el Tercer Mundo.

Y si la presencia física no es posible, siempre nos queda la posibilidad de la proximidad afectiva, la capacidad de ponerse en la piel del otro, la empatía de colocarse en el lugar del otro, en el corazón del otro (la palabra misericordia, significaría etimológicamente, poner el propio corazón junto a la miseria del otro) sabiendo que no quedarse indiferente significa, en última instancia, pensar y vivir de otra manera.

Como dice ARANGUREN: "La sensibilización no es el calentamiento de motores para una acción puntual; sino que significa dejarse afectar, y hacerlo cordialmente, por la realidad, y eso sin que la realidad, por muy cruel e injusta que se nos presente nos desborde; sin que la injusticia nos amargue la existencia (...) Sólo habrá verdadera solidaridad cuando reconozcamos en el otro su dignidad herida, maltratada, humillada, y seamos capaces de escucharlo."

Pero todo eso tiene un precio. Es la solidaridad cara, muy diferente de la solidaridad barata.

Esta última no requiere ningún esfuerzo; es la de la moral indolora, sentimentalista, que prioriza la agitación sobre la convicción, que sólo sirve para tranquilizar conciencias y desculpabilizar al actor; que busca efectos rápidos y espectaculares, en lugar de procesos lentos pero auténticos.

La solidaridad cara es la que conoce por adelantado que cuesta, ya que se ha tomado en serio la condición asimétrica del Norte y del Sur; la que sabe que existen dos mundos muy diferentes: el mundo de los que comen, y el de los que no comen; el mundo de los que les sobra casi todo y el de los que les falta casi todo.

La solidaridad cara es la que juega contra los intereses de nuestra sociedad opulenta del Norte: la de los satisfechos, la de la abundancia, la del bienestar, el confort, el derroche y agotamiento de los recursos.

Sin duda que esta propuesta solidaria afecta a los hábitos y concepciones más enraizadas entre nosotros, porque nos pide cambiar nuestro estilo de vida, de "suicidarnos" como Primer Mundo, por tal de que pueda sobrevivir humanamente el Tercer Mundo.

Esta solidaridad es cara, porque significa nadar contra corriente; porque propone –no impone- un cuadro de valores muy diferentes de los que machaconamente nos proponen los medios de nuestra sociedad de consumo:
- compromiso y colaboración frente a indiferencia y pasotismo
- justicia y equidad frente a injusticia y desigualdad
- comunidad y solidaridad frente al egoísmo individualista
- unidad e identidad frente a uniformidad y conformismo
- austeridad frente a hedonismo
- cooperación frente a competitividad.
- consumo responsable frente a locura consumista ecosuicida.
- Inclusión e integración frente a exclusión y reclusión.

"Nuestro mundo globalizado es cada vez más interdependiente, pero por desgracia, eso no supone que, de forma automática, sea siempre más solidario. La interdependencia es un hecho; la solidaridad es una virtud moral, una conquista diaria" (JOAN BESTARD)

Un mundo globalizado sin solidaridad, sin generosidad, sin colaboración mutua, puede ser, -y de hecho llega a ser- muy duro y cruel para quienes no reciben ninguno de sus beneficios y, en cambio, padecen muchos de sus abrumadores perjuicios.

Por todo eso urge gestionar el modelo de globalización orientado hacia la ética de la solidaridad, la cooperación, la equidad y el desarrollo humano integral, universal ecosostenible, respetuoso con el medio ambiente y atento a la biodiversidad.

"La solidaridad es la capacidad de ponerse en la piel del otro, en el corazón del otro, sabiendo que no quedarse indiferente significa, en última instancia, pensar y vivir de otra manera"

El CARDENAL TETTAMANZI lo formula muy bien: "Urge no sólo globalizar la economía y las finanzas; sino también y sobre todo, la política, la información, la justicia, la solidaridad, y la participación libre y responsable de todos, también de los últimos".

La globalización no tiene porque ser una derrota o un fracaso. Puede ser, y de hecho es una amenaza. Pero es preferible enfrentarla como un estímulo, como un reto o desafío, es decir, como un acicate para buscar respuestas, alternativas viables de futuro y con futuro.

Como afirma JUAN PABLO II: "Se puede señalar ya, como un valor positivo y moral, la conciencia creciente de la interdependencia entre los hombres y las naciones" (....) Cuando la interdependencia es reconocida así, su correspondiente respuesta, como actitud moral y social y como virtud es la solidaridad. Ésta no es pues un sentimiento superficial por los males de tantas personas cercanas o lejanas. Al contrario: es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, por el bien de todos y cada uno, porque todos somos verdaderamente responsables de todos".

Esta solidaridad cara se ha tomado seriamente lo que sugería M. GHANDI: "Occidente deberá aprender a vivir mucho más sencillamente, para que mucha gente sencillamente pueda sobrevivir", o ha hecho suyo el discurso del obispo PERE CASALDÁLIGA: "Sólo en la medida en que el Primer Mundo deje de ser Primer Mundo podrá ayudar al Tercer Mundo". O como dice ARANGUREN: "Debemos pasar del "más es mejor para mí" al "suficiente es mejor para todos". Se trata de anteponer las necesidades sociales a las necesidades individuales y de sumarse a todas las iniciativas que colmen la grieta entre el Norte y el Sur.

En resumen: Habrá que caminar hacia la civilización de la austeridad compartida de la que habla el teólogo de la liberación JON SOBRINO, el mismo que define la solidaridad con imagen muy hogareña, casi litúrgica: "La solidaridad es la mesa compartida; es la mesa que iguala a los iguales; es la mesa que construye la familia humana" y que nos recuerda mucho la poética definición de solidaridad del obispo PERE CASALDÁLIGA: "La solidaridad es la ternura de los pueblos". Por tanto habría que vivir esta solidaridad compartida, no como una renuncia o un castigo divino, sino como un ejercicio de autoliberación (¡Cuántas cosas que no necesitamos!)

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