Educación en la utopía

Educar desde la complicidad de los sueños

Educación transformadora: Nuestro sueño no cierra los ojos a la realidad. Nuestro sueño es un sueño ilusionado y realista. Nuestra esperanza es el único sueño que se sueña despierto, un sueño que no nos deja pegar ojo, un sueño que nos mantiene desvelados, con los ojos abiertos, dispuestos a mirar cara a cara la realidad, para conocerla y transformarla, dispuestos a comprometernos, a pasar a la acción, para que la realidad no se convierta en ese mundo cruel y en esa pesadilla interminable como lo es para muchos de los que sufren el impacto de la globalización neoliberal.

Ya hace mas de 2000 años ARISTÓTELES definía: "LA ESPERANZA ES EL SUEÑO DE LOS HOMBRES DESPIERTOS".

Nuestro sueño, como el de los zapatistas no mira al pasado, anticipa el futuro.

"En nuestro sueño hemos visto otro mundo:
Un mundo verdadero, un mundo definitivamente más justo que el mundo por el que ahora caminamos.
Vimos que en este mundo no eran necesarios los ejércitos, que existían la paz, la justicia, la libertad...
Y que no se nos hablaba como de cosas lejanas, sino como quien nombra pan, pájaro, aire, agua...
Ese mundo verdadero no era un mundo del pasado.
Era de delante que nos venía; era del siguiente paso que íbamos a dar.
Y así fue que comenzamos a caminar para conseguir que este mundo se sentara en nuestra mesa, iluminara nuestra casa, creciera en nuestro huerto, llenase el corazón de nuestros fieles... que nuestro sudor curase la historia nuestra y que fuese para todos...."
(Citado por PEDRO CASALDÁLIGA: "Agenda latinoamericana 2005", pg.11 )

Por eso nuestro sueño busca la complicidad. Es un sueño en la línea del ya citado SUBCOMANDANTE MARCOS: "Soñemos que soñamos juntos".

Es importante compartir los sueños. NORA WEIS (Comisionada de las NNUU para la defensa de los Derechos Humanos) nos da la clave: "Cuando soñamos solos, sólo es un sueño, pero cuando soñamos juntos, el sueño se puede convertir en realidad".

“Tendremos una visión crítica para revisar el pasado y denunciar el presente. Pero, además, creemos y construiremos con esperanza el futuro”

Con una formulación muy parecida una canción de Vía Campesina del Brasil decía: "Sueño que se sueña solo es un sueño solamente, pero sueño que se sueña juntos puede hacerse realidad".

Sí, tendremos una visión crítica para revisar el pasado y denunciar el presente. Pero, además, creemos y construiremos con esperanza el futuro.

Afirmamos con Porto Alegre que "movilizar los corazones es tan importante como movilizar las ideas".

Creemos en nuestra capacidad para construir lo imposible, a saber: un porvenir humano abierto para todos y compartido por todos.

Pensamos que podemos compartir experiencias sobre la utilización y el reparto equitativo y sostenible de los recursos del planeta.

Confiamos en nuestra capacidad para aprender y sacar provecho de las lecciones aprendidas en la lucha cotidiana, en los campos, en las fábricas, en las escuelas y universidades, en las clínicas y los hospitales, en la vida trabajada día a día...

Creemos que puede hacerse realidad el sueño de que cada ser humano tenga derecho al acceso de agua potable, a los alimentos, a los cuidados de salud, a la vivienda digna, a la educación, a la libertad y a la democracia.

Estamos convencidos de que los seres humanos podemos recuperar nuestra capacidad para soñar, y para buscar conjuntamente las soluciones concretas para que estos sueños se realicen aquí y ahora (y no dentro de 30 ó 50 años).

Confirmamos lo que nos sugiere AMIN MAALOUF: "Si creemos en alguna cosa, si tenemos en nuestro interior energía suficiente, pasión suficiente y ganas de vivir, podremos encontrar en los recursos que nos ofrece el mundo actual los medios necesarios para hacer realidad alguno de nuestros sueños".

"Movilizar los corazones es tan importante como movilizar las ideas"

Para nosotros soñar no es dormir. Nuestro sueño no es vivir en la ensoñación, alejados de la realidad, dejando vagar la mente, paseando sin meta precisa, viviendo sin saber a dónde ir y perdido el contacto con la vida real. Eso queda para esos hombres –muy numerosos- que como se lamentaba nuestro humorista JAVIER PONCELA: "La mayoría de los hombres sólo roncan sus sueños".

Nuestro soñar NO ES EVADIR LA REALIDAD PRESENTE.

Al contrario: los sueños no sólo son una revelación del pasado reprimido y frustrante, como pretendía FREUD; tienen también un sentido prospectivo, (como enseñó C.G. JUNG) de anticipación subconsciente de la actividad consciente del futuro

Es más: no sólo anticipan el futuro, no sólo son su anuncio; para GASTON BACHELAR los sueños son "el inicio de la vida activa". Son como el primer paso, porque en realidad, como decía nuestro CALDERÓN: "La vida es sueño" y lo que se sueña, más allá de lo que se ha vivido, es verdadero y está vivo: este es el realismo de los sueños.

Cuando LUTHER KING decía: "he tenido un sueño" ("I have a dream") explicitaba su rechazo al sistema, expresaba su rebelión, su negativa y revuelta contra un presente y un por-venir presentados como inevitables.

Por eso nuestro sueño no es capitular ante lo que se nos vende como inevitable e irremediable.

Nuestro sueño es proyectarse en una realidad que nos atrevemos a pensar que será diferente. Incluso las nuevas conquistas tecnológicas (en el campo de la telemática, de la informática, la robótica, la nanología, la bioingeniería, o la microcirugía) refuerzan esa visión y creencia de que lo imposible puede ser posible, de que los sueños pueden convertirse en realidad.

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