Educación en la globalización

¿Cómo educar en valores en este mundo complejo y globalizado?

Hay palabras que definen una época. Sin duda que el presente y el futuro del mundo se construye (o se destruye) bajo el signo de la globalización. Sin ningún género de duda las palabras que mejor describen la realidad actual son las palabras 'globalización' o 'mundialización'. Entonces nos planteamos la duda de ¿cómo educar en valores en este mundo complejo y globalizado?

'Globalización' o 'mundialización" son palabras omnipresentes, indispensables en cualquier discurso sobre el tema que sea: dinero, ecología, salud, política, moda, terrorismo, información,..... En todos ellos, casi siempre se hace referencia al enfoque 'planetario', a la dimensión 'mundial' de los temas, o al nivel 'global' de la resolución de los mismos.

Lo que ocurre con estos términos multiusos, que todos utilizamos, pero con significados o enfoques diferentes, es que, al final, nadie sabe qué quieren decir exactamente. De ahí una cierta confusión y polémica con esa terminología. La globalización se percibe de forma abrumadora, pero no se entiende. Es como una jirafa: fácil de ver, pero difícil de definir. Posiblemente un banquero o un ecologista, un político o un militante pacifista, entienden por globalización realidades muy distintas o hablan de mundialización con objetivos o intenciones muy diferentes.

En lo que todos coincidimos es en que nos referimos a un nuevo marco o modelo, a una nueva dimensión universal que, a lomos de las nuevas tecnologías, convierten cualquier proceso en un hecho interrelacionado con el resto del planeta.

Parece como si las fronteras del tiempo o del espacio hubieran desaparecido. Basta mirar la televisión, navegar por Internet, llamar por un móvil o pasear por un gran hipermercado, para tener esa sensación de que todo queda cerca, al alcance de la mano y en tiempo real.... La movilidad, proximidad, inmediatez, el acortamiento de las distancias en el tiempo y en el espacio, no son sólo un hecho nuevo, son algo revolucionario, que ha cambiado nuestra comprensión del mundo y la toma de conciencia del nuevo marco planetario en el que nos movemos. Alguien definió la globalización como "la presencia del mundo entero en nuestras vidas".

“Lo importante es educar sabiendo que el futuro lo construimos desde el hoy, desde las pequeñas opciones de cada día”

Sin duda que la globalización significa, entre otras cosas, correo electrónico, teléfonos móviles, vacaciones concertadas por Internet, viajes cada vez más baratos en avión y muchos otros factores que pueden representar un nuevo horizonte de enormes promesas y oportunidades para el desarrollo, el crecimiento económico, el bienestar, el progreso, la producción de riqueza....etc (sobre todo, para algunos).

Porque por debajo de esta capa rutilante está la globalización de la pobreza.

Ya que si por globalización entendemos la universalización de un fenómeno, sin duda que la que está más mundializada no es la riqueza, el progreso o el bienestar, sino la pobreza, el hambre y la enfermedad. (Y esas últimas sí que son las armas de destrucción masiva, que no requieren de inspectores de las NNUU para descubrirlas o verificarlas).

Esas son las cifras del horror y de la vergüenza; las sangrantes desigualdades, de crudeza extrema del mundo actual, la inmensa injusticia planetaria de un mundo en el que más del 80% de la población vive en países agobiados por una deuda e(x)terna imposible de liquidar. Un mundo sometido al saqueo sistemático de sus recursos, en un modelo insostenible de desarrollo que está agotando el planeta y terminando con la biodiversidad.

Por eso, ante los retos de la globalización ecosuicida, asimétrica, con ganadores y perdedores, con incluidos y excluidos, se necesita otro modelo de gestión que no sea el neoliberal que se propone e impone sólo para beneficio de muy pocos.

"Hay que mundializar la generosidad, la justicia, la equidad, la cooperación, los derechos humanos"

El fenómeno del actual modelo de globalización es enormemente ambiguo y plantea serios interrogantes ¿Es progreso o retroceso? ¿Es solución o problema? ¿Es interdependencia o dependencia? ¿Es sostenibilidad o saqueo? ¿Es nuevo "orden" o caos total? ¿produce inclusión o exclusión? ¿es unidad o uniformidad?

No tratamos de negar o condenar el proceso. Se trata de gestionarlo para que tenga un rostro más humano. No es tiempo de pesimismo ni de falso optimismo. Lo que importa es pensar de un modo nuevo. El marco ha cambiado. El contexto es radicalmente distinto. Hay que mundializar la generosidad, la justicia, la equidad, la cooperación, los derechos humanos.

La globalización ¿es un fenómeno imparable? Lo que importa es saber a dónde va. Lo importante es educar sabiendo que el futuro lo construimos desde el hoy, desde las pequeñas opciones de cada día. De nosotros depende que la globalización sea inhumana y excluyente o humana y humanizante. De nosotros depende gestionarla en beneficio de unos pocos o en beneficio de todos. De nosotros depende construir 'otro mundo posible', orientado hacia la ética de la solidaridad, la cooperación, la equidad, el desarrollo humano integral y universal, hacia un modelo ecosostenible, respetuoso con el medio ambiente y atento a la biodiversidad.

Este es el reto de nuestra generación: el desafío y el acicate para buscar soluciones y respuestas de futuro y con futuro. Habrá que redescubrir el valor de las pequeñas cosas. "Porque, al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sólo sea un poquitín, es la única manera de probar que la realidad es transformable" (EDUARDO GALEANO). O sea, como decía MADRE TERESA DE CALCUTA: "Tal vez no podemos hacer grandes cosas, pero todos podemos hacer pequeñas cosas con un gran amor". Desde ese gran amor, 'el futuro del mundo es compromiso de todos'

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