Artículo de Arturo Hortas

Caso Texaco: historia de una infamia en Ecuador

"Fue en 2007 cuando conocí la realidad de Sucumbíos, un pueblo de la Amazonía ecuatoriana marcado por la colonización de los petroleros y el éxodo obligado de los indígenas", dice Arturo Hortas, un cineasta aragonés muy comprometido con la lucha indígena.

Arturo Hortas, gran conocedor del Caso Texaco en Ecuador, expone sus vivencias en un interesante artículo que podéis leer completo a partir de aquí.

El 13 de mayo de 2011 se presentó mi primer documental “Sucumbíos, tierra sin mal”, abriendo la IV edición de Ecozine, Festival Internacional de Cine y Medio Ambiente – ciudad de Zaragoza, dentro de la sección Premiere.

A la presentación acudió como invitado Pablo Fajardo, abogado de la Asamblea de Afectados por Texaco, que recogió el Premio Ecozine en representación de los 30.000 afectados por la contaminación petrolera en Ecuador producida por Chevron-Texaco entre 1964 y 1990.

Recuerdo ese momento como uno de los más emotivos de mi vida, por la personalidad de Pablo, por el apoyo del festival y por la participación del público asistente. Era la cumbre alcanzada, un sueño hecho realidad tras varios años de esfuerzo que se vieron recompensados por el aplauso del público, las decenas de proyecciones en festivales en 20 países, los premios y reconocimientos internacionales.

Y, sobre todo, por la oportunidad de contar una historia tan dura, que me había marcado desde el 2007, tiempo en el que conocí la realidad de Sucumbíos, en la Amazonía ecuatoriana, una tierra marcada por la colonización por petroleros y refugiados colombianos que huían de la guerrilla, a pocos kilómetros de allí.

La barbarie cometida por Texaco, el éxodo de los indígenas que se veían desplazados de sus tierras, la codicia sin límite del ser humano que había desencadenado todo aquello.

Pude contarlo, por suerte y de esa experiencia surgieron otros documentales y trabajos a los que me sigo dedicando.

Recuerdo especialmente la historia de Doña Elvira Criollo, una indígena de la nacionalidad Cofán que vivía en la comunidad Dureno, muy castigada por la contaminación.

En el documental, Elvira nos contaba como su esposo había muerto por el petróleo derramado. Pocos meses después Elvira murió con síntomas que indicaban la misma causa, aunque no se pudo corroborar científicamente porque no se le realizó autopsia.

Algunos indígenas decían que la había estrangulado el diablo, por las manchas negras en su cuello. Claro, el diablo negro, el petróleo que provocó esos síntomas de cianosis y muerte por asfixia.

Con la película, también quise contrastar la dura realidad de Dureno con la todavía cristalina existencia de los cofanes de la comunidad de Chandia na’en, cuenca arriba, donde todavía no existía la contaminación. Y en el documental se contrasta claramente el estado de ánimo de quien todavía es un niño de la selva y de quien ya está sumido en la desesperación.

Caso Texaco

En 1992, 30.000 ecuatorianos, entre indígenas y colonos, de la Amazonía norte (provincias de Orellana y Sucumbíos) demandaron por daño ambiental a la petrolera Chevron-Texaco.

Esta demanda colectiva no busca beneficios particulares, sino la reparación del daño causado (480.000 hectáreas contaminadas). Durante la operación de la petrolera norteamericana se contaminó la selva amazónica con:

  • 64 millones de litros de petróleo regados en la selva.
  • 70 millones de litros de aguas tóxicas (agua de formación), arrojadas a los suelos, ríos, esteros y lagunas.
  • 6.654 mil millones de metros cúbicos de gas quemados al aire libre.

Los pobladores de la Amazonía relatan que Texaco abrió unas fosas y las llenó con petróleo, sin el obligatorio recubrimiento que impidiera que se filtrara el crudo. Esta práctica prohibida no fue por desconocimiento ni falta de tecnología adecuada, sino por disminuir sus costos de producción. De este modo el crudo llegó a los esteros y ríos. El número de fosas contabilizadas es de 820.

La cantidad de crudo y desechos derramados por la compañía petrolera en el medio ambiente ecuatoriano es 30 veces mayor a la cantidad vertida en el desastre del famoso tanquero Exxon Valdez en las costas de Alaska.

Tras varias sentencias y recursos, Chevron fue condenada a pagar una indemnización de 9.500 millones de dólares, que se destinarán a limpieza y reparación ambiental y la implementación de un plan económico para los campesinos que tienen tierras afectadas por la contaminación

Chevron había retirado previamente todos sus activos del país, de modo que no se le puede embargar en Ecuador. Los afectados han recurrido a las Cortes de Canadá y Brasil, donde se están realizando acciones para la homologación de la sentencia, que permitiría el embargo de los bienes de la petrolera.

Mientras tanto, 30.000 afectados, mestizos e indígenas, siguen esperando que Chevron pague la indemnización, para rehacer sus vidas. Se calcula que hay un 20 % de familias afectadas por cáncer y se cree que estas tasas están vinculadas directamente a la contaminación.

Arturo Hortas Fraile

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