Campaña Trabajo Decente

La campaña Defendamos el Trabajo Decente quiere asegurar el trabajo digno para todos

La campaña sobre el Trabajo Decente tiene como objetivo manifestar el compromiso de promover oportunidades para que todo el mundo pueda conseguir un trabajo decente en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad humana. La campaña está creada e impulsada por entidades católicas.

 
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Poster Campaña Trabajo Decente

Manifiesto de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente que se presenta el 7 de octubre, día de la Jornada Mundial del Trabajo Decente, en un acto titulado "No cualquier trabajo, sino un trabajo decente", con una conferencia de Charo Castelló, copresidenta a nivel mundial del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos MMTC.

La campaña está impulsada por entidades católicas como la delegación Diocesana de Pastoral Social, Càritas, Justícia i Pau, Delegación Pastoral Obrera, Religiosos y religiosas en barrios obreros y populares, Colectivo de curas Obreros, Cristianisme i Justícia, Manos Unidas y Seminario de Doctrina y Acción Social de la Iglesia (SEDASE-FTC).

"No cualquier trabajo, sino un trabajo decente"

Barcelona, 7 de octubre de 2016. Hoy, Jornada mundial por el Trabajo Decente, las organizaciones y personas abajo firmantes, queremos manifestar nuestro compromiso para que todo el mundo pueda conseguir un trabajo decente en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad humana. Esto lo hacemos en comunión con la iniciativa Iglesia miedo el trabajo decente, con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con la Confederación Sindical Internacional (CSI) y con otras organizaciones sociales.

En todo el mundo, el paro, la subocupación, y el trabajo precario tienen un gran impacto negativo en la vida de millones de trabajadoras y trabajadores y sus familias, agravando la pobreza y la exclusión social. En casa nuestra, la realidad laboral nos sitúa en un paro crónico de casi un 20%, con un impacto especial en los jóvenes (35% de paro) y en los mayores de 45 años (30% de paro). Esta situación hace que muchas personas vivan una gran precariedad, provocando un crecimiento de las desigualdades que amenaza la cohesión social.

En este contexto, el trabajo es un derecho fundamental de toda persona, vinculado a la dignidad humana. El trabajo no es sólo una fuente de ingresos, sino que es un bien para la persona.

Consideramos una exigencia ética irrenunciable lo respecto de los derechos de los trabajadores, que se fundamentan en la naturaleza de la persona humana y en su dignidad trascendente: remuneración justa, descanso, seguridad y salud, integridad moral, adecuada protección social para la vejez, la enfermedad, el accidente y el paro, reunión, asociación, huelga y negociación colectiva.

Recientemente, el Papa Francisco nos lo ha recordado: “El trabajo tendría que ser el ámbito de este múltiple desarrollo personal, en que se ponen en juego muchas dimensiones de la vida: la creatividad, la proyección de futuro, el desarrollo de capacidades, el ejercicio de valores, la comunicación con los otros, una actitud de adoración. Por eso, en la actual realidad social mundial, más allá de los intereses limitados de las empresas y de una cuestionable racionalidad económica, es necesario mantener siempre como objetivo prioritario, el acceso al trabajo por todo el mundo y en unas condiciones que dignifiquen a la persona” (Carta Encícilica Laudato si’, núm.127).

Por todo ello reivindicamos:
• Una sociedad que tenga como objetivo prioritario un trabajo decente para todo el mundo, que facilite la autonomía y la disponibilidad de recursos suficientes por la materialización de los proyectos de vida individual y familiar.
• Una valoración de la ocupación tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo, porque ambas perspectivas son igualmente importantes para poder garantizar el bienestar y el desarrollo de las personas.
• Una recuperación económica acompañada por la creación de ocupación suficiente que reduzca la tasa de paro de forma rápida y sostenida hasta niveles anteriores a los de los inicios de la crisis y, incluso, inferiores.
• Una mejora de la protección social que haga disminuir el número de personas sin ningún tipo de cobertura, sobre todo de aquellas que han perdido la ocupación y los cuesta reincorporarse al mercado de trabajo, evitando que formen parte de una pobreza y exclusión social que se presentan como estructurales.

Y, por eso, pedimos a los poderes públicos y a los agentes sociales que trabajen en favor de:

1. Incentivar las inversiones en economía productiva y grabar las inversiones financieras especulativas para poder potenciar la actividad generadora de ocupación de calidad. Es necesario implementar una política industrial adecuada, dar un mayor apoyo a la diversidad productiva, a la creatividad empresarial, a la pequeña y mediana empresa y a los autónomos y favorecer el acceso al crédito, como también dar el apoyo necesario a la agricultura y a la ganadería diversificadas y sostenibles, y a la preservación del medio rural.
2. Promover y dar mayor apoyo a las iniciativas de economía social, solidaria y cooperativa que sean generadoras de ocupación de calidad y que favorezcan la inserción social y laboral de col•lectivos con más dificultades de acceso al mercado laboral.
3. Estudiar e impulsar políticas que generen la creación de puestos de trabajo de calidad en servicios de interés público o social, especialmente en ámbitos como la cura de las personas.
4. Llevar a cabo políticas activas y personalizadas de ocupación que aumenten las competencias de las trabajadoras y trabajadores con una mejor capacitación profesional. Estas políticas tienen que tener programas muy orientados y eficaces, incluir una rigurosa evaluación y tener una dotación económica.
5. Desarrollar un sistema de protección social bien diseñado con el objetivo de incentivar al mismo tiempo la investigación de trabajo y la reducción de la pobreza y las desigualdades sociales.
6. Avanzar hacia el establecimiento de mecanismos que aseguren una renta mínima garantizada para todos los ciudadanos.
7. Abrir un debate social y político en profundidad sobre las posibilidades de un reparto más justo del trabajo productivo disponible a nuestra sociedad, a partir del estudio serio de propuestas como la reducción de la jornada laboral y de las horas extras o el adelanto de la jubilación.
8. Potenciar el diálogo social y la negociación colectiva como instrumentos esenciales para la cohesión social, que incluya a los trabajadores, los empresarios y las administraciones.
9. Impulsar políticas de cooperación con los países en vías de desarrollo que favorezcan la creación y el mantenimiento de puestos de trabajo dignos y la lucha contra la explotación laboral como factores claves de desarrollo. Esto incluye promover un consumo público y privado más responsable, que no favorezca condiciones laborales inadecuadas en los países en desarrollo.

En este sentido, destacamos la necesidad de un compromiso social y político por parte de la ciudadanía como vía por la mejora en las condiciones de vida de las personas. Con el compromiso conjunto de movimientos y agrupaciones sociales, plataformas ciudadanas, organizaciones sindicales y gremiales, partidos y agrupaciones políticas, el abanico de actuaciones posibles y de incidencia política y social es muy amplio. Hagamos un llamamiento, pues, a la concienciación ciudadana y política de la grave situación que se vive en el mundo laboral de nuestro país y de todo el mundo.

Por eso reclamamos: “No cualquier trabajo, sino un trabajo decente”.

Descárgate aquí el pdf de la campaña.

Aquí tienes el díptico de la Campaña y el poster de la campaña.

Nota de los obispos catalanes sobre el trabajo decente.

Web conjunta de la Campaña sobre el trabajo decente.

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