Guanyadora Concurs Relats 2016

Ainhoa Couceiro, guanyadora concurs relats ex aequo

El treball de l'Ainhoa Couceiro "Podries tu donar-me pa?", juntament amb el de Noa Pérez, estudiants ambdues de 5º de primària en el CEIP de Castrelo de Miño, de la localitat de Astariz-Castrelo de Miño d'Orense, han estat les guanyadores en la VI edició del Premio Mans Unides de Relats per a Nens i Joves.

El premi està dotat amb 1.500 euros que han de dedicar-se a finalitats socials, culturals o solidaris.

¿Un mal día?

¡Hola! Soy Aldara. Tengo 11 años y vivo en Ourense. Hoy me he levantado con mal pie. Y es que hay días que no deberíamos levantarnos de la cama.

Cuando bajé a desayunar, después del madrugón (¡me levanto a las 7:30 h!), vi que se habían acabado mis cereales favoritos: los de chocolate. Tuve que coger los de mi padre que no me gustan nada, pero es que los de mamá, ¡ están asqueroooosos!. Seguro que fue el imbécil de mi hermano pequeño (le llamo el imbécil desde que leí el libro de Manolito Gafotas) y es que no le soporto: es un verdadero incordio. Siempre anda por todas partes, chivándose de todo lo que hago y toqueteando mis cosas. Me pasé el desayuno chinchándole porque me encanta hacerlo rabiar un poco.

Tuve que bajar la basura; ¡esto de ser la mayor es un rollo! Y encima se había estropeado el ascensor, cuatro pisos para abajo, cuatro pisos para arriba…

En el cole, ¡otro rollo! Examen sorpresa de mates y aguantar a la seño Pili que cuando se pone pesada nos echa el sermón sobre la importancia de ser disciplinados y la suerte que tenemos de vivir donde vivimos y no sé cuántas cosas más.

Menos mal que después del recreo teníamos una actividad especial: el profe de Reli había traído un cooperante de Manos Unidas para que nos hablase un poco de la labor de esa ONG y en cuanto Carlos, que así se llama, empezó a contarnos cosas de su experiencia en Zambia el tiempo se me pasó volando. Quería explicarnos cómo viven los niños y niñas de este país para que podamos conocer otras realidades tan distintas a la nuestra. Nos leyó una carta de un niño que tiene una edad similar a la nuestra y que decía más o menos lo siguiente:

¡Hola! Me llamo Sabith. Vivo en Lusaka, Zambia, en un pequeño poblado de la etnia chokwe. Quiero contaros cómo es mi vida así que empezaré por deciros que esta semana ha sido fantástica. Hacía mucho tiempo que
no me iban tan bien las cosas. Normalmente me levanto a las cinco de la mañana para ir al cole. Tengo la suerte de poder asistir a una escuela construida no hace mucho tiempo por Manos Unidas y no me pierdo un solo día, siempre que mis obligaciones me lo permiten. Hay muchos muchachos de mi edad, y sobre todo niñas, que no pueden asistir porque tienen que trabajar cuidando ganado o a hermanos más pequeños.

Antes de partir voy a por agua al pozo más cercano; está a unos tres kilómetros. Normalmente es tarea de mujeres, pero en mi casa sólo puedo hacerlo yo: mamá está enferma desde hace mucho. No tenemos hospital pero sí la visita una sanitaria que ha sido formada por Manos Unidas y con la medicación que le dan se va encontrando mejor.

El colegio no está muy lejos, son unos 8 km que debemos recorrer dos veces todos los días, ida y vuelta, y como vamos en grupo nos lo pasamos muy bien. Yo llevo a mi hermanita Annara; no puede caminar bien porque de pequeña tuvo desnutrición y sus piernecillas quedaron torcidas. Mis amigos y yo nos turnamos para llevarla a hombros y así todo es más fácil. Además, ¡menuda suerte! Un par de días al menos pasó Carlos en el jeep de Manos Unidas y nos acercó al cole cuando aún nos faltaba un buen trecho. Estamos muy contentos porque ahora tenemos material nuevo y ¡hasta luz eléctrica! A la hora de la comida tomamos nshima, unas gachas preparadas con maíz molido, que están buenísimas. No me canso de comerlas todos los días.

Al volver a casa tengo muchas tareas por hacer. Por algo soy “el hombre de la casa” desde que se fue nuestro padre. Pero no me importa, siempre que pueda ir al cole y estudiar. Sueño con asistir a la escuela secundaria y como os dije al principio esta ha sido mi semana de la suerte: Manos Unidas me ofrece una oportunidad. No pienso dejarla escapar.

Cuando Carlos acabó de leer la carta de Sabith se hizo un silencio absoluto. Creo que todos estábamos pensando lo mismo: no más quejas, no más buscar problemas donde no los hay. Claro que pronto se nos olvida pero, en mi caso creo que algo de verdad va a cambiar. Lo que más me ha llamado la atención de la vida de Sabith no es lo dura que pueda ser sino su optimismo y su capacidad para agradecer lo que tiene. Quiero ser como él.

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